El puesto de mando

¿Cómo es posible que un remolque abollado, comprado como chatarra después de haber salido muy mal parado de un accidente, se convirtiese en un lugar fantástico al que cualquier lector de Los Tres Investigadores le hubiese encantado visitar?

En realidad se trataba de un viejo hogar remolque [el Puesto de Mando], de unos ocho metros de largo, que Titus Jones había comprado hace un año. El hombre no logró venderlo debido a las enormes abolladuras que tenía, consecuencia de un accidente. Por eso, terminó cediéndoselo a Jupiter para utilizarlo como oficina.

Misterio en el Castillo del Terror

La respuesta es sencilla. Robert Arthur era buen conocedor de la fascinación que en la mente del público infantil ejercían los pasadizos secretos y los escondrijos que les permitiesen esquivar la mirada vigilante de los adultos. Los tres chicos trabajaban en el viejo remolque que estaba escondido entre las montañas de cachivaches que llenaban el depósito de chatarra, lo que permitía una sensación de independencia que creaba una atmósfera de ensueño para un joven lector que aspiraba e imaginaba su propia libertad.

Durante un año, los tres chicos, con ayuda de Hans y Konrad apilaron montones de chatarra al rededor del remolque. Así quedó oculto [el Puesto de Mando] al exterior, entre montones de barras de acero, trozos de una escalera de incendios medio consumida, maderos y otros materiales.

Aparentemente, el señor Jones se había olvidado por completo de su existencia y nadie excepto los chicos, sabía que hubiera sido transformado en oficina, laboratorio y cuarto oscuro para el revelado de fotografías, provisto de varias entradas secretas

Misterio en el Castillo del Terror

Por esta razón, en estas novelas se enfatzará una y otra vez que ese espacio estaba vetado a las personas mayores:

De ser adultos normales, no habrían podido pasar por las entradas secretas al puesto de mando. Pero aquellos eran enanos.

Misterio del tesoro desaparecido

Creo no equivocarme al afirmar que el Puesto de Mando fue uno de sus mayores aciertos creativos de esta saga que, además, contribuyó en buena medida a crear vínculos emocionales indisolubles entre los tres detectives y sus jóvenes seguidores.

Los accesos de entrada y salida

Uno de los temas que más acaloradas discusiones ha desatado entre los seguidores de Los Tres Investigadores, es el número de accesos o puertas que tiene el Puesto de Mando, así como su ubicación. En muchas ocasiones, tienden a confundirse con las entradas secretas que dan acceso al Patio Salvaje. En este apartado simplemente las mencionaré, aunque si algún lector quiere ampliar sus conocimientos al respecto, le invito a que lea La cuarta entrada y Los pasadizos secretos.

En las descripciones realizadas por Robert Arthur en sus novelas, queda relativamente claro el número y la ubicación de cada una de ellas:

Acceso 1. Utilizado sólo en casos de extrema necesidad. Era la Salida de Emergencia. Esta salida era el tragaluz o techo solar ubicado en el techo del remolque. Se menciona por primera vez en el Misterio del tesoro desaparecido.

Acceso 2. Es el más utilizado. Situado en el suelo del remolque. Permitía entrar al interior del remolque desde los bajos del remolque, levantando una trampilla, a la que se llega por el Túnel Dos.

Acceso 3. Usado sólo cuando no había nadie en el Patio Salvaje. Era la puerta de la caravana que se encontraba en uno de sus laterales. Estaba considera como la puerta principal y la de acceso más fácil, cómodo y rápido al Puesto de Mando. Se llegaba a ella por un corto pasadizo que comenzaba en la entrada conocida como Los Tres Tranquilos (en la versión original, Easy Three)

Acceso 4. Era la Puerta Cuatro (en la versión original, Four Door) en la que desembocaba el camino secreto que comenzaba en la Puerta Roja de Rover (en la versión original, Red Gate Rover) y discurría entre los montones de chatarra del Patio Salvaje. El hecho de que hubiese que agacharse para entrar por ella, parece indicar que se trata de uno de los ventanales del remolque, seguramente el de la parte trasera que solía ser de mayor tamaño.

El interior

Producto de la aversión que Robert Arthur sentía hacia la cultura del usar y tirar que se estaba imponiendo en la sociedad norteamericana desde finales de los años 50, el Patio Salvaje nacería como el estandarte de su rebelión frente a una sociedad de consumo que gastaba su dinero en artículos que después de un solo uso acababan en la basura.

Por esta razón,  resulta lógica la reiteración implícita que Robert Arthur hacía en sus novelas sobre los beneficios que reparar los bienes de consumo que otros habían desechado como basura; prolongar su vida útil, ser reutilizados, ahorrar dinero e incluso, ganarlo. El mobiliario del Puesto de Mando era la prueba palpable de cómo prácticamente cualquier objeto podía tener una segunda vida:

Allí había una pequeña oficina dotada de un escritorio que sufriera desperfectos en un incendio, varias sillas, una máquina de escribir, un archivo y un teléfono. Sobre el escritorio tenían un aparato de radio antiguo, a cuyo altavoz Jupiter había conectado un micrófono que permitía a sus amigos oír las conversaciones telefónicas. El remolque encerraba también un pequeñísimo laboratorio fotográfico y un lavabo.

Misterio del tesoro desaparecido

Más allá de su función práctica, el Puesto de Mando se convertiría un símbolo de la amistad y el ingenio de los tres jóvenes detectives. Allí nacían sus planes, se compartían momentos de humor, se resuelvían desacuerdos y se reforzaba su compromiso con la verdad.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia