Los pasadizos secretos

En esta entrada detallaré los pasadizos secretos que permitían a Los Tres Investigadores desplazarse por el Patio Salvaje a salvo de las miradas de clientes, curiosos y villanos. Estas vías de tránsito, ocultas entre las montañas de chatarra, podían comenzar en algún punto del interior del “Patio Salvaje o en alguna de las entradas secretas ubicadas en la valla que lo rodeaba.

Pero antes de seguir adelante, me detendré a explicar la diferencia funcional entre las entradas secretas, los pasadizos y las accesos al Puesto de Mando (Headquarter, en las novelas inglesas) así como la relación existente entre estos elementos:

  • Las entradas secretas son accesos alternativos al Patio Salvaje ocultos en su interior o en la valla que lo rodeaba.  Permitían a Jupe, Pete y Bob ingresar al mismo sin ser vistos o cuando su entrada principal está cerrada. Estas entradas conectaban con los pasadizos que conducían al Puesto de Mando.

  • Los pasadizoa secretos son caminos que permiten sortear los montones de chatarra apilados en el “Patio Salvaje” para llegar hasta el Puesto de Mando sin ser visto. Generalmente cuentan con una entrada secreta en uno de sus extremos y concluyen en algunaa de las aperturas con las que contaba el remolque que servía de oficina a Los Tres Investigadores.

  • Las puertas o accesos son las aperturas en la propia estructura del remolque en el que Jupe, Pete y Bob instalaron el Puesto de Mando de su empresa de detectives y en las que desembocaban los diferentes pasadizos secretos.

El primer pasadizo

El primero de estos pasadizos comenzaba en la Puerta Verde (en las novelas originales, Green Gate One) y permitía la entrada al Patio Salvaje desde el exterior de la chatarrería, es decir desde la calle.

[…] Entraron por la Puerta Verde y se arrastraron por el tubo ondulado del Tunel Dos.

Misterio del tesoro desaparecido

A través de él, se llegaba hasta el taller de Jupiter en el cual, detrás de una imprentilla, había una reja que al retirarla daba acceso al Túnel Dos, un tubo que conducía hasta una trampilla en el suelo del remolque, que era la entrada secreta número dos.

El segundo pasadizo

Conocido como Túnel Dos, comenzaba en el taller donde Jupiter reparaba muchas de las pequeñas máquinas o mobiliario que entraban al Patio de los Jones como chatarra. Es con toda certeza el más utilizado por el trío de detectives en las novelas de Robert Arthur así como en las del resto de escritores que continuaron la saga, con la diferencia que estos últimos, dejaron caer en el olvido el resto de pasadizos secretos.

Luego de rodear algunos montones de chatarra, llegaron al taller de Jupiter. Allí, una vieja sección de tubo ondulado -de la clase usada por las alcantarillas-, parecía bloquear el paso detrás del taller. No obstante, los tres muchachos movieron un trozo de rejilla de hierro oculta detrás de la imprentilla que Jupiter guardaba en su taller, y la boca del tubo apareció despejada. Los chicos entraron a rastras y volvieron a colocar la rejilla. Sobre sus rodillas, avanzaron otros doce metros. Un tramo del tubo se hallaba oculto bajo tierra, y el resto entre unas vigas. El extremo final comunicaba directamente con el remolque disimulado donde habían instalado el puesto de mando. […]

Una trampilla en el suelo del remolque facilitaba la entrada, Pete y Bob la empujaron y penetraron a través de ella en el puesto de mando.

A este pasadizo, como ya he comentado en el apartado anterior, también puede llegarse utilizando el pasadizo secreto que comienza en la Puerta Verde y desemboca en el taller de Jupiter.

El tercer pasadizo

El tercero de los pasadizos secretos que conducían al Puesto de Mando es el de Los Tres Tranquilos (en las novelas originales, Easy Three) que desembocaba en la puerta lateral del remolque, es decir, la puerta por la que se entraría a cualquier caravana. Esta era la entrada principal. En el texto del Misterio del Tesoro desaparecido se indica al lector que este acceso ocultaba un pasadizo muy corto, que conectaba con la entrada principal al remolque:

Los Tres Tranquilos era la entrada más sencilla, una enorme puerta de roble, aún en sus goznes, apoyada contra unos maderos. Una gran llave oxidada, que ocultaban en un recipiente de otro metal en el mismo estado, abría la puerta. Detrás de ella un corto pasadizo conducía a la puerta lateral del remolque, que había sido transformado en puesto de mando.

Los Tres Tranquilos se utilizaba cuando el patio estaba desierto y sin nadie que pudiera verlos.

Misterio del tesoro desaparecido

En el Misterio en el Castillo del Terror, se describe de forma sucinta el interior de la caldera por la que discurría este breve pasadizo:

Jupiter se adelantó y cogió una gran llave de hierro oxidada que había en una caja destartalada, incapaz de atraer dos veces la mirada de cualquier persona. Abrió la puerta de roble y todos pasaron al interior de una caldera de hierro procedente de alguna máquina monstruo. Caminaron por ella, ligeramente agachados, y en el otro extremo salvaron una puerta redonda que daba directamente al puesto de mando.

Misterio en el Castillo del Terror

El cuarto pasadizo

El cuarto pasadizo secreto comenzaba en la Puerta Roja de Rover –oculta en la parte trasera de la valla de madera que rodeaba el “Patio Salvaje”- y daba acceso a un camino que desembocaba en la puerta cuatro (en las novelas originales, Four Door) del Puesto de Mando. Es un pasadizo, realmente claustrofóbico y peligroso, porque da la impresión de que en cualquier momento podría producirse un derrumbe en los montones de chatarra que debían salvarse, arrastrándose bajo ellos:

Una vez en su interior [del Patio Salvaje], Bob aparcó la bicicleta. En un gran montón de materiales de construcción había lo que aparentaba ser una cueva. Sobre los materiales, un viejo cartel con una gran flecha negra decía: “Oficina”. En realidad, esta palabra encubría el puesto de mando de los Tres Investigadores. Bob se introdujo a gatas en cueva y avanzó por un estrecho túnel entre la chatarra amontonada. El túnel era como una senda retorcida en todas las direcciones, donde unas veces se podía caminar agachado, otras de rodillas o bien había que arrastrarse. Así llegó a unos pesados tablones que no parecían tener finalidad alguna, pero que en realidad formaban el tejado de la puerta cuatro, del puesto de mando.

Misterio del loro tartamudo

El quinto pasadizo

Robert Arthur solo hará alusión a él en una única ocasión: en el capítulo 17 del Misterio del tesoro desaparecido. Comenzaba en la Salida de emergencia y sólo se empleaba en casos de necesidad extrema. Se accedía a él, desde el interior del Puesto de Mando, atravesando el tragaluz situado en el techo del remolque.

Y a continuación, comenzaba el pasadizo que, posiblemente, culminaba el la cuarta entrada secreta (en la versión original, Secret Four). En ese mismo capítulo, Robert Arthur describe una parte de esta vía de escape:

Los enanos, buenos acróbatas, los persiguieron. Vociferaban exaltados. Seguros de que los muchachos no podrían descender [del techo del Puesto de Mando]. Pero Jupiter ya había previsto tal emergencia.

Un viejo tobogán de una escuela estaba apoyado a un lado del remolque. Vigas de hierro parecían bloquearlo. Sin embargo, nuestros héroes [Los Tres Investigadores y Taro Togati] se lanzaron tendidos por el tobogán y fueron a caer sentados sobre el polvoriento suelo.

Misterio del tesoro desaparecido

Como se desprende del texto anterior, este camino era lo más parecido a una jinkana en la que debían salvarse hábilmente varios obstáculos so pena de sufrir un pequeño accidente. Aunque conocemos el punto del que partía, desgraciadamente nada nos dice Robert Arthur sobre el punto exacto del “Patio Salvaje” en el que finalizaba. Personalmente creo que ese lugar, era la “Secret Four” de la que tan poco sabemos.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia