Las licencias artísticas
Debido a la fascinación que las portadas de los libros de Los Tres Investigadores siempre ha ejercido sobre sus lectores, es razonable pensar que éstas hayan sido objeto de una mayor atención que la que se le haya podido prestar a otros elementos gráficos de la colección, como pudieran ser las ilustraciones interiores. Por ello, no es raro que los passionistas que someten a escrutinio hasta el más mínimo detalle de las andanzas de estos tres jóvenes detectives encuentren ciertas “incoherencias” entre el texto de algunas novelas y las imágenes que aparecen en sus cubiertas, lo que les ha llevado a lanzar todo tipo de especulaciones al respecto, tratando de encontrar una respuesta lógica a las disonancias percibidas entre la parte narrativa y la artística.
Un ejemplo
Por si alguien no hubiese reparado en ello, comentaré que todas las ilustraciones que aparecen en las portadas de los 43 libros de la primera etapa tienen algo en común. ¿Adivinas que es? Pues, que en todas ellas siempre aparecen los tres investigadores (todas excepto una, si quieres saber cuál es pincha aquí). Este dato, que posiblemente no tenga nada de fortuito, en ocasiones ha dado lugar a errores de bulto.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en la portada del volumen 31, firmada por J. M. Miralles, donde aparecen Los Tres Investigadores como testigos mudos del atropello de un mendigo, una ilustración que es incoherente con el texto porque como puede leerse en el primer capítulo del libro, Bob Andrews es el único que presencia el accidente. Creo que en este caso, no sería descabellado afirmar que este “error” no sería tal sino más bien una licencia artística, concedida por las diferentes editoriales para que siempre apareciesen en estas portadas Jupe, Pete y Bob.
De pronto, la demacrada figura del pordiosero quedó iluminada por el resplandor de unos faros que se acercaban raudamente. Un coche avanzaba por la calleja a excesiva velocidad y, cuando frenó ante el rojo, patinó en el mojado empedrado. La mujer chilló desde la parada del autobús y Bob la imitó con más fuerza. Chirriaron los frenos, el ciego intentó esquivar al coche que se abalanzaba hacia él, se oyó un golpe seco y el mendigo cayó rodando por la calzada.
El auto se detuvo. Saltó del mismo el conductor, al tiempo que Bob y la mujer corrían también hacia el hombre caído.
Misterio del mendigo de la cara cortada
Los «errores» de Badía-Camps
Si nos centramos en las sugerentes ilustraciones que Badía-Camps creó para las cubiertas de los 28 primeros títulos de la colección una de las incoherencias más llamativas, al menos para mí, siempre ha sido el aspecto físico de Jupiter Jones. Seguro que de haber tenido ocasión, a todos nos hubiese gustado preguntar a Ángel Badía-Camps por qué nunca dibujó a Jupe como el chico rollizo y sobrado de kilos que se nos presenta en todas las novelas. Es verdad que, como contrapunto, estaban las ilustraciones interiores que realizó Escolano para acompañar al texto de cada aventura, en las que el primer investigador sí presenta un aspecto más fiel al descrito en la narración, aunque creo, que aun estaba un poco alejado de la imagen “ideal” que de él todos nos habíamos creado en nuestras mentes.
Y no se acaban ahí las preguntas sin respuesta. De todos es bien sabido que Bob Andrews, llevaba gafas, sin embargo, en algunas portadas aparece sin ellas. Personalmente, desconozco el motivo, y aunque no me he tomado la molestia de contar el número de veces que Badía-Camps lo dibujó sin gafas ¡no lo descarto!
Aunque no sé a qué obedece esta falta de fidelidad al relato original por parte de Badía-Camps, si puedo afirmar que en ningún caso se debió al desconocimiento de las características morfológicas o estéticas de los personajes creados por Robert Arthur. Y esta afirmación la fundamento en las declaraciones del propio Badía-Camps, el cual al ser preguntado* si para las ilustraciones de las cubiertas le daban la idea del contenido respondió que “Molino me dejaba leer el libro y me hice un hartón de leer“. De sus palabras parece desprenderse de forma inequívoca que conocía perfectamente las descripciones de los personajes que luego representaba en sus creaciones.
* Entrevista concedida en 2011 al Rincón del Taradete
Una explicación
Después de presentar este breve catálogo de “disonancias” y de lo expuesto hasta este punto me atrevería a decir que todos estos “errores” no son otra cosa que meras licencias artísticas, concedidas en su momento por la propia editorial a sus ilustradores, con ellas se les otorgaba cierta libertad a la hora de interpretar y representar el texto en sus creaciones. Esta explicación, y hasta que aparezcan nuevas informaciones que arrojen luz sobre el tema, podría ser válida para dar respuesta a preguntas para las que a día de hoy sólo podemos especular dando rienda suelta a nuestra imaginación como ha sido mi caso.
Si tú también, has detectado otros errores de este tipo, te animo a que los compartas. Pero si lo que deseas es entretenerte buscando alguno de ellos, aquí te dejo un par de buenos ejemplos. Ya te adelanto que además de dibujar a Bob sin gafas, Ángel Badia-Camps cometió algún error más. Seguro que no tardarás mucho en descubrirlos .

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia