¡Maldición de sapo!

Si tuviese que seleccionar el rasgo más característico de la personalidad de Pete Crenshaw, diría que era su enorme espontaneidad a la hora de verbalizar sus estados de sorpresa o contrariedad. A diferencia de Jupiter que era mucho más frío y racional o Bob, que personificaba la mesura y la contención emocional, Pete siempre me arrancaba una sonrisa con su incontinencia verbal y lo rebuscado y cursi de algunas de sus exclamaciones. Aunque, para ser justos, él no era el único personaje de las novelas de Robert Arthur que utilizaba este tipo de expresiones tan… anacrónicas.

 

Posiblemente, sean estas exclamaciones  una de las partes del texto que peor han soportado el paso del tiempo y, en cierto modo, impidan que las novelas de esta colección gocen de la atemporalidad que la mayoría de escritores y editoriales persiguen para sus obras. Si bien es cierto que pueden “sacarte un poco del texto” yo no las eliminaría, creo son una parte importante de esa atmósfera de candidez que se respira en el universo de Los Tres Investigadores en sus primeras novelas.

¡Vienen risas!

Me río, mientras escribo estas líneas, porque algunas de las expresiones del listado que aparece en este apartado son tan “memas”, que no puedo por menos imaginarme la cara de quienes me rodean si pronunciase alguna de ellas en su presencia. Os animo a que las dejéis caer en conversaciones con vuestros familiares y observéis sus reacciones. Seguro que primero os mirarán con extrañeza, sin dar crédito a lo que oyen, y  si ponéis cara de póker y aguantáis la risa, puede que incluso lleguen a pensar si  acaso no estaréis perdiendo el juicio.

 

A continuación, incluyo una lista que, aunque no es exhaustiva, contiene muchas de las expresiones rimbombantes que pueden leerse en la edición española de los 10 títulos de la colección escritos por Robert Arthur. Si las leéis a la vez que os imaginéis a vosotros mismos soltándolas, en una reunión de trabajo o como respuesta al comentario que os está haciendo el director de vuestra compañía (repito, sólo imaginarlo) creo que os vais a reír:

¡Atiza!

¡Canastos!

¡Carambolines!

¡Cáscaras!

¡Cáspita!

¡Caracoles!

¡Castañas pilongas!

¡Cielos!

¡Córcholis!

¡Cuernos de caracol!

¡Chispa!

¡Gatos mojados!

¡Infiernos!

¡La repanocha!

¡Lobeznos asustados!

¡Lobeznos hambrientos!

¡Maldición de sapo!

¡Mecachis!

¡Por las ánimas benditas!

¡Pardiez!

¡Rábanos picantes!

¡Rábanos y grillos!

¡Recáspita!

¡Recanastos!

¡Recastañas!

¡Repámpanos!

¡Saltamontes voladores!

¡Sopla!

¡Tate!

¡Tomate!

¡Truenos!

¡Zambomba!

 

Una duda

Incluso de pequeño, cuando leía los libros de Robert Arthur siempre me preguntaba si los chicos estadounidenses utilizaban realmente esas expresiones tan ñoñas. Me resultaba difícil de creer, pero una novela no tiene por qué ser un reflejo fiel de la realidad, y como al final de lo que se trata es de pasar un buen rato, pues no le daba mayor importancia y seguía encantado con la lectura.

 

Con unos cuantos años más, la pregunta que me hacía era si expresiones como las recogidas en el punto anterior son traducciones literales del texto original en inglés o, por el contrario, son traducciones libres debido a que no tenían una correspondencia más o menos directa con otras de nuestro idioma. Así que para dar respuesta a esta duda, me puse manos a la obra. Al comparar el texto original del Misterio del loro tartamudo con la traducción al castellano realizada por M. L. de Pol Ramírez, me quedó bastante claro. En este caso, no desvelaré mis conclusiones porque quiero animar al lector a que haga lo mismo, y motivarle para que aumente un poquito más sus conocimientos sobre las singularidades de esta inolvidable colección.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia