El gran ausente
Lo diré de carrerilla y sin anestesia: ¡Alfred Hitchcock no escribió ni una sola letra de las novelas de Los Tres Investigadores! ¿Quééééé? ¿Cóóóóómo? ¿En serio? Pues, sí. Como lo oyes. Sé que cuesta creerlo pero es la pura verdad. Durante un tiempo se asumió erróneamente (y aun hoy en día muchos lectores lo siguen haciendo) que Hitchcock era el autor de la serie. La realidad es que este famoso director de cine no participó en modo alguno en la creación o escritura de la serie. El prólogo y el epílogo en los que Hitchcock presentaba y cerraba cada nuevo caso tampoco fueron escritos por él.
¿Entonces por qué aparece el nombre y la imagen de Hitchcock en las cubiertas y texto de las novelas? Pues si alguien se está haciendo esta pregunta, le diré que la respuesta tiene mucho que ver con una brillante estrategia de marketing ideada por el creador de la serie, Rober Arthur. Gracias a está idea la colección aumentó su popularidad de forma fulgurante entre el público infantil. Déjame que te cuente.
La idea vendedora
Debido, a su experiencia en Hollywood como escritor de guiones para programas de televisión como Alfred Hitchcock Presents o a su posterior trabajo como editor en Random House de las diversas antologías de cuentos para adultos y jóvenes de Alfred Hitchcock, Robert Arthur creía firmemente que podía escribir libros infantiles de misterio mucho mejores que los que se comercializaban en aquella época en Estados Unidos. También trabajaba con Alfred Hitchcock por lo que se le ocurrió la idea de persuadirlo para que permitiese a Random House utilizar su imagen en la colección de novelas que, originalmente, se publicaría bajo el título Alfred Hitchcock and The Three Investigators.
La idea de usar una figura pública como parte de la trama fue extremadamente innovadora para libros juveniles y refleja el conocimiento que Arthur tenía sobre cómo funcionaba el marketing en la industria del entretenimiento. Uno de los elementos más tangibles de la influencia de Hollywood en Robert Arthur es precisamente la inclusión de Alfred Hitchcock como figura introductora y “mentor” ficticio de los casos de estos jóvenes detectives. Aunque como he comentado Hitchcock no escribió las historias, su aparición en la narración servía como:
- Gancho publicitario, muy al estilo hollywoodense.
- Sello de garantía de misterio y tensión, aprovechando su imagen cinematográfica.
- Puente entre cine y literatura, haciendo sentir al lector que estaba entrando en un relato de suspense digno de la pantalla grande.
Además, Robert Arthur como gran estudioso del género policíaco que era, quiso replicar uno de los elementos más característicos y comunes de las novelas de los detectives más famosos de todos los tiempos: incluir la figura del narrador o cronista que dejaba por escrito las hazañas de estos afamados personajes. Teniendo esto en cuenta, parece lógica la elección de Hitchcock para asumir dicho papel. Este planteamiento narrativo, lo verbalizará Jupiter Jones en el Misterio en el Castillo de Terror:
-No queremos dinero -insistió él [Jupiter]-. Pero todos los detectives famosos tienen a alguien que escribe sus casos, y así la gente llega a conocerlos. Sherlock Holmes, Ellery Queen, Hercules Poirot; todos. He llegado a la conclusión de que es así como se han hecho famosos.
Misterio en el Castillo del Terror
Hitchcock entra en escena
El 24 de septiembre de 1964, se publicaría la primera novela de detectives de Robert Arthur -Misterio en el Castillo del Terror- y en ella, como en los textos originales de las 29 que le seguirían, Alfred Hitchcock aparecía como mentor de Los Tres Investigadores: siempre proporcionando los comentarios introductorios y finales de cada nuevo caso, algunas veces poniéndoles en contacto con clientes que necesitaban de sus servicios y, en ocasiones, prestandoles ayuda durante el curso de alguna de sus pesquisas.
Sin embargo, el Alfred Hitchcock de carne y hueso, poco o nada tuvo que ver con la creación de estos libros o con el personaje literario salido de la mente creadora de Robert Arthur. Simplemente aceptó una buena suma de dinero a cambio de otorgar una licencia que permitiría a Robert Arthur y a la editorial Random House la explotación comercial del nombre y la imagen del famoso director de cine. De este modo Hitchcock se convirtió en un excelente reclamo publicitario que otorgó una notoriedad inmediata a la colección, contribuyendo de forma decisiva a impulsar las ventas de los libros.
Una curiosidad
Aunque la cara de Hitchcock apareció en las portadas de los tres primeros títulos de la edición norteamericana, Random House tomaría la decisión de no incluirla en las siguientes novelas. Los motivos nunca trascendieron a los lectores. Pero puestos a buscar una explicaciones, recogeré una de carácter operativo propuesta por Seth T. Smolinske y otra de tipo económico propuesta por mí
- Por algunos documentos que han llegado hasta nuestros días, se sabe que se requería la aprobación de Hitchcock de cualquier ilustración que incluyera su imagen. Esto implicaba que la editorial debía enviarle el boceto de cada portada para que diese su visto bueno antes de poder utilizarla, algo que podía demorarse tiempo debido a los muchos asuntos y compromisos a los que debía atender el afamado cineasta en aquellos años. Este retraso implicaba, cambios importantes en la planificación de la producción y lanzamiento comercial de los nuevos títulos, con todo lo que ello implicaba, lo cual llevaría a Random House a eliminar la imagen de Hitchcock de la portada.
Creo que esta hipótesis puede explicar una parte del misterio pero no todo porque como queda patente, desde Random House siguieron enviando las ilustraciones de las nuevas portadas al agente de Hitchcock, para que este diese su aprobación. Algo lógico porque aunque no se incluyese su imagen seguía apareciendo su nombre en las cubiertas de los libros.
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Desde mi punto de vista, creo que fue el propio Hitchcock quien se opuso a que se incluyese su efigie en las portadas de la colección. La razón, bien pudo ser que a partir de mediados de los años 60 rechazó el tratamiento desenfadado y casi cómico que, hasta ese momento, se había dado a su imagen en las portadas de las antologías publicadas por Random House así como en los tres primeros títulos de Los Tres Investigadores. Tal vez pensó que esta creatividad, un punto irreverente, de algún modo podría erosionar y devaluar la marca comercial en la que él mismo se había convertido, con las consecuencias económicas que ello le acarrearía.
Invito al lector a que busque la cara de Hitchcock en las siguientes ilustraciones y juzgue por sí mismo.
El adiós de Hitchcock
Sea como fuere, el caso es que se suprimió su imagen de las portadas de la edición norteamericana y 16 años después de la publicación del primer título de la colección, también lo harían su nombre y su personaje literario en la serie. Tras la muerte de Alfred Hitchcock en 1980, la editorial Random House no pudo llegar a un acuerdo con sus herederos, los cuales se negaron a seguir autorizando el uso comercial de la imagen del difunto. Debido a ello, la editorial se vería forzada a reemplazarlo por el personaje ficticio Héctor Sebastián, un detective retirado, reconvertido en escritor de novelas de misterio que asumiría el rol de su predecesor, aunque carente de su fama y reconocimiento a nivel mundial. Consecuentemente, En 1981 la serie pasó a llamarse «The Three Investigators Mystery Series».
Aunque en España Editorial Molino conservó el título original de la serieː «Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores» en 1982 hizo un amago de cambiar el nombre de la colección, tal y como hizo Random House en su momento, pero no tardó en dar marcha atrás y mantuvo el mismo nombre hasta 1994, año en el que finalizó la publicación de esta colección en España. Y hasta aquí, este artículo sobre los entresijos editoriales de la colección.

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia