El alzado

En esta entrada voy a desvelar un pequeño misterio para el que no tenía respuesta en mi infancia y que mucho después supe que estaba relacionado con un procedimiento que en artes gráficas se conoce como alzado. Estoy casi seguro que a muchos lectores de las novelas de Los Tres Investigadores les habrá pasado desapercibido un pequeño detalle o, si han reparado en él, no le habrán dado la más mínima importancia. Me refiero a que al final de las páginas 17, 33, 49, 65, 81, 97, 113, 129, 145, 161, 177 y 193 de todos los libros que salieron de las diferentes imprentas con las que trabajó Editorial Molino, siempre aparecía un número seguido del título del libro.

Esos números eran correlativos y siempre comenzaban en el 2 y finalizaban en el  9, 10, 11, 12 ó 13 dependiendo si el libro tenía 144, 160, 176, 192, ó 208 páginas (que también incluyen las que están en blanco pero no las forman parte de las guardas). Así pues, si por ejemplo abrimos el título número 25 de la colección por la página 17, comprobaremos que debajo de la última línea, impreso en una tipografía más pequeña que el resto del texto, aparece lo siguiente: 2.-Misterio del diablo danzante. Si vamos a la página 33, el texto que leeremos en el pie de página será: 3.- Misterio del diablo danzante Y así, podríamos avanzar en el libro, siguiendo esta secuencia hasta llegar al final de la misma.

Conviene aclarar que estos textos fueron añadidos por los técnicos de las imprentas (A. G. Ponsa, Gráficas Pérez, etc.) es decir, no pertenecían a las obras originales y su numeración nada tenía que ver con la de los capítulos de la novela aunque sí y mucho, como vamos a comprobar, con el proceso de encuadernación del libro. Por esta razón, antes de explicar en el último apartado el uso que se daba a esta inscripción, es necesario conocer las fases iniciales de edición de un libro.

La imposición

La primera de estas fases. es la que se conoce como imposición. Es la forma de disponer las páginas de una obra para que, una vez impresas, en su posterior plegado, la foliación de las hojas quede correlativa. Antes de nada, el editor debe decidir si las páginas de la obra se van a dividir en grupos de 8, 16, 32, 64, etc. A estos grupos de hojas se les denomina pliegos o signaturas. 

Una vez que se han formado las signaturas, el siguiente paso será realizar el casado propiamente dicho, que consiste en la distribución de las páginas de la obra en cada signatura de tal forma que con su posterior plegado para luego cortarlas en la guillotina, estas queden en orden correlativo. En la siguiente ilustración se muestra como debe llevarse acabo el casado de un pliego de 16 hojas:

Como dato curioso, apuntaré que en el Misterio del fantasma verde se produjo un error en la imposición. que se repetirá en todas las ediciones de Molino (excepto en la primera, cuya impresión la realizó A. G. Ponsa). Como puede observarse, las ilustraciones que deberían aparecer en las páginas 15 y 114, se cambiaron la una por la otra dando lugar a cierta confusión en los lectores al no existir ninguna relación entre la imagen y el texto de la novela. Lo peor de todo es que ninguna imprenta se molestó en corregir estos fallos de impresión en ediciones posteriores. ¡Una pena!

El plegado y el alzado

Finalizada la fase anterior, se plegarán las signaturas en una máquina. El pliego se dobla por la mitad horizontalmente, luego verticalmente, y finalmente otra vez verticalmente, logrando cuadernillos de 16 páginas.

Será en ese momento cuando el impresor deberá colocar los cuadernillos en orden correcto para a continuación proceder a su unión. Esta fase es lo que se conoce como alzado. Consiste en colocar las signaturas plegadas una encima de otra, empezando por la última y terminando con la primera, posteriormente se cose entre sí con hilo o fresado y se colocan las tapas.  Los pliegos o cuadernillos se ordenan unos junto a otros en sucesión, es decir en el orden en que serán encuadernados. Una vez alzado los pliegos, se encuadernaran.

Llegados a este punto, ya podemos intuir por qué los técnicos de impresión numeraban las diferentes signaturas que conformaban un libro y para qué le añadían el título de la obra: era un método muy sencillo de asegurarse de que todos los pliegos que estaban utilizando pertenecían la misma novela y el orden en el que los estaban colocando era el correcto, evitando de este modo comercializar libros con errores cometidos en el proceso de alzado y mejorando la calidad del producto final. ¡Misterio resuelto!

La omnipresente chapuza

Seguro que no faltará quien piense que esta técnica era un buen método para mejorar la calidad del producto final, pero lo cierto es que no dejaba de ser una chapuza. Una más a las que, desgraciadamente, ya nos tenían acostumbrados a los lectores de Los Tres Investigadores. Y lo digo porque estas pequeñas inscripciones a pie de página, en caso de emplearlas, deberían haberse situado fuera del área de impresión del texto de la novela para que una vez realizado el alzado, pudiesen ser eliminadas en la siguiente fase: el proceso técnico de refilado, en el que se recortan los bordes sobrantes o excedentes del pliego o signatura.

Una forma más elegante de hacerlo hubiese sido poner marcas en los lomos de cada pliego, las cuales quedan ocultas en la fase de encuadernación por el lomo de la cubierta. Invito al lector a que observe la siguiente ilustración en la que se muestra un método mucho más profesional y que juzgue por sí mismo.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia