Worthington

En el vasto universo de la literatura juvenil, pocos elementos resultan tan inesperados y encantadores como la presencia de un Rolls-Royce con chófer a disposición de tres adolescentes detectives. En la serie Los Tres Investigadores, el privilegio de conducir este majestuoso automóvil recae en el imperturbable Worthington. Su figura se convertiría con el tiempo en un símbolo tan reconocible como los propios protagonistas de estas novelas, añadiendo un toque de sofisticación y humor que enriqueció la saga creada por Robert Arthur.

Worthington no es simplemente un empleado de Rent´n Ride. Su papel es la máxima expresión de una vocación que desempeña con orgullo y un grado de excelencia que trasciende el deber. Mantiene el Rolls-Royce impecable, conduce con suavidad ceremonial y cumple estrictamente con los horarios y las normas del patrocinio. Sin embargo, esta profesionalidad no lo vuelve rígido; al contrario, sabe adaptarse cuando la situación lo requiere.

[…] Worthington abrió la puerta de atrás-¿Quiere entrar?

-Gracias -Jupiter y sus amigos subieron-. No es preciso que se moleste en abrirnos la puerta. Somos jóvenes.

-Si no le importa -contestó Worthington-, prefiero realizar mi servicio como se espera de mí. Si dejo de hacerlo quizás en el futuro incurra en defectos.

Comprendo -murmuró Jupiter- mientras Worthington ocupaba su lugar delante del volante-. Sólo que, tal vez, en alguna ocasión tengamos necesidad de precipitarnos al exterior, y entonces no podremos esperar a que usted nos abra la portezuela. En todo caso, propongo que usted la abra al comenzar y acabar la jornada.

-Muy bien, master Jones. Semejante solución es aceptable.

Misterio en el Castillo del Terror

Un retrato psicológico

Su comportamiento evoca a la perfección el estereotipo del chófer inglés tradicional: respetuoso, discreto, siempre cortés y de imperturbable compostura. Incluso en situaciones insólitas —visitas a mansiones embrujadas, persecuciones, desapariciones misteriosas— Worthington mantiene una serenidad casi inhumana. Entre todos esos rasgos de personalidad que contribuyeron a forjar esa imagen flemática y serena resulta interesante apuntar los siguientes:

Disciplina con control. Worthington destaca por un autocontrol casi absoluto. Ante cualquier contratiempo —ya sea una carretera imposible, un cliente excéntrico o un misterio que roza lo sobrenatural— mantiene una compostura digna de un mayordomo británico clásico. Su lenguaje es siempre medido, formal, respetuoso. Nunca eleva la voz ni pierde la calma.

Este rasgo no solo resulta cómico en contraste con las situaciones caóticas en que suelen verse envueltos los jóvenes investigadores; también transmite seguridad. Con Worthington al volante, nada parece completamente fuera de control.

-¿Logró ver el número de la matrícula, Whorthington? -preguntó Jupiter.

– Lo siento, master Jones. Me hallaba concentrado en observar el firme de la calzada y no me fijé mucho en el coche. Pero lo identifiqué como un «Ranger» con tapicería de piel roja.

Misterio del loro tartamudo

Cortesía sin fisuras. La cortesía es su sello más evidente. Para él, otorgar a tres adolescentes el tratamiento de “master” no es un gesto de condescendencia, sino una extensión natural de su ética profesional.

-¿Master Jones? Soy Worthington

-¡Ah, bien! Celebro conocerlo, señor Worthington -respondió el aludido-. Pero llámeme Jupiter, como todo el mundo.

-¡Por favor! -Worthington pareció confuso-. Es costumbre el que el amo me llame simplemente Worthington. También es costumbre que yo me dirija a mis dueños con el mayor respeto. Ahora usted es el amo, y prefiero atenerme a las reglas de la profesión.

 

Misterio en el Castillo del Terror

Jamás baja su nivel de respeto, ni siquiera cuando el destino le exige llevar el Rolls-Royce a zonas francamente inapropiadas para un vehículo de lujo. Worthington encarna la idea de que la educación puede coexistir con la aventura, e incluso elevarla.

Los dos vehículos entraron en un barrio muy pequeño de casas semiderruidas, con huertos donde crecían algunos cultivos. Allí era donde vivía Carlos. Niños y niñas corrieron ala ver el «Rolls-Royce».  Allí era donde vivía Carlos. Niños y niñas corrieron al ver el «Rolls-Royce». Carlos saludó agitando la mano.

-¡José! -gritó-. ¡Esteban! ¡Margarita! ¡Ved! Regreso en el auto dorado.

Aparecieron tantos niños desastrosos, que Whortington tuvo que deterner el coche. Tods querían tocar el «Rolls-Royce» . Carlos  les habló en fiero español, y ellos se retiraron.

-¿Seguimos, master Jones? -preguntó Whorthington.

El chófer jamás perdía los estribos, sucediera lo que sucediera.

Misterio del loro tartamudo

Colaborador sin protagonismo. Worthington ayuda sin buscar reconocimiento. Detiene el coche en el lugar exacto que pide Júpiter, accede a llevarlos a horas inusuales o a zonas poco recomendables, vigila desde el volante mientras ellos investigan e incluso, en algunas ocasiones, ofrece opiniones sutiles que resultan útiles.

[…] Cuando llegaron a la barandilla, donde precisamente se hallaba el corrimiento de rocas que obstruía el camino, Worthington exclamó: —¡Miren! ¡Huellas de neumáticos sobre las de nuestro coche! No quise alarmarles anoche master Jones, pero tuve la impresión de que éramos seguidos.

Misterio en el Castillo del Terror

Sensatez y prudencia. Aunque no participa directamente en la resolución de los misterios, Worthingon aporta una visicón adulta, racional y prudente. Ante los planes arriesgados de Jupiter o las impulsivas decisiones de Pete, sus observaciones suelen introducir un contrapunto sensato.

Hemos de ir en seguida en busca de las autoridades -propuso el chófer inglés, mientras Jupe y Pete se sacudían el polvo-. Esta gente es peligrosa. Abandonaron a ustedes aquí para que muriesen.

Misterio en el Castillo del Terror

Discrección absoluta. Una de las virtudes más significativas de Worthington es su absoluta discreción. Nunca pregunta más de lo necesario, nunca comenta lo que ha visto a terceros y nunca intenta interponerse en los planes de los muchachos. Entiende mejor que nadie que la confianza es parte fundamental de su trabajo.

Valentía serena. Aunque nunca se presenta como un héroe de acción, Worthington demuestra una valentía silenciosa. No huye cuando la situación se complica y protege al trío con los recursos que tiene: su vehículo, su calma y su criterio. La serie sugiere que, bajo su superficie formal, hay un profesional capaz de reaccionar ante el peligro sin perder la cabeza.

-Master Andrews -dijo Worthington-, será mejor que me llegue un momento al castillo y vea que les ocurre [a Jupe y Pete].

-Pero usted no puede separarse del coche. -Exclamó Bob-. Está obligado a no perderlo de vista.

-Master Jones y master Crenshaw son más importantes que un automóvil. Iré a ver que les pasa.

Misterio en el Castillo del Terror

La figura adulta ideal

Worthington no es una figura paternal, pero tampoco un simple empleado. Es una presencia adulta que respeta la autonomía de los jóvenes, que confía en ellos y que nunca intenta controlar sus decisiones. Representa un modelo inusual en la literatura juvenil: un adulto que no subestima, no ridiculiza, no duda de las capacidades de los protagonistas.

La idea de tres muchachos resolviendo casos acompañados de un lujoso vehículo británico y un conductor de modales impecables dotó a la serie de un encanto singular. Para los lectores, Worthington no es simplemente un personaje secundario: es la puerta a un universo donde lo cotidiano convive con el misterio y donde la aventura adquiere una dimensión de elegancia casi cinematográfica.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia