Do it yourself
A diferencia de lo que ocurre hoy día en los países occidentales, donde el fin último de la recuperación y reciclaje de muebles, pequeñas máquinas y electrodomésticos es impedir que estos acaben integrados como residuos en el medio ambiente, en las novelas de Robert Arthur se perseguía un fin mucho más sostenible y beneficioso para el planeta: recuperarlos, repararlos y prolongar de este modo su vida útil. Aunque dudo mucho que la sostenibilidad formara parte de su corpus ideológico, dado que en los años 60 la basura y la sobrexplotación de los recursos naturales aún no se habían convertido en un problema a escala global como lo es en la actualidad. Por ello, estoy seguro que su motivación fue otra.
Me atrevería a afirmar que este deseo de reparar y/o reutilizar lo que para otros era chatarra, tenía un móvil económico, perfectamente lícito e igualmente beneficioso para el medioambiente. Para Robert Arthur, que había sufrido los rigores de una crisis económica y se había visto forzado a administrar con la máxima racionalidad su salario, la cultura de usar y tirar no tenía acomodo en su filosofía de vida ni argumento alguno que pudiese justificarla, tal y como se desprende de las palabras de su hija Elizabeth Arthur:
Además, había sobrevivido [Robert Arthur] a la época de la Gran Depresión como un autor trabajador y se había cuidado de manejar el dinero que ganaba con cuidado; mi padre estaba asombrado y conmocionado al mismo tiempo por la cultura de usar y tirar de California.
Elizabeth Arthur
Esta probable motivación económica, aparece en sus novelas, dado que Jupe, Pete y Bob podían sufragar los gastos que generaba su empresa de detectives gracias a los ingresos que obtenían con sus trabajos de reparación en el Patio Salvaje:
“Comieron [Jupe, Pete y Bob] y luego continuaron con la tarea de componer y reparar aquellos objetos que pudieran recomponerse. Lugo el tío Titus los vendería, dándoles una parte del importe conseguido para sus gastos particulares.»
Misterio de la calavera parlante
Hazlo tú mismo
El movimiento Hazlo tú mismo o DIY (esto último por sus siglas en inglés, do it yourself) que aboga por la práctica de la reparación o fabricación de objetos por uno mismo, generalmente para ahorrar dinero, pues así se logran múltiples beneficios. Sin embargo, tuvo su origen en los cambios sociales y económicos que se produjeron en los años 50. Una semana laboral más corta significaba más tiempo para dedicarlo a la familiar y a los proyectos en el hogar. La vivienda en propiedad estaba en aumento y también a mejores salarios y vacaciones más largas. El desarrollo de las herramientas domésticas, en especial las eléctricas como la taladradora, consolidaron el movimiento.
En este contexto, podría decirse que Robert Arthur fue un abanderado del movimiento DIY. En casi todas sus novelas, aludirá a las labores de reparación o construcción de objetos que los tres jóvenes detectives realizaban en el pequeño taller que había montado Jupiter en el interior de un cobertizo adosado a la valla del Patio Salvaje:
Bob halló a Jupiter sentado en una vieja mecedora, presionándose el labio inferior, mientras su mente trabajaba a todo vapor. Y a Pete Crenshaw atareado en la pequeña imprenta recibida como chatarra y que Jupiter había conseguido que funcionara de nuevo.
Misterio en el Castillo del Terror
Ahorro de dinero
Una de las razones más atractivas para embarcarse en proyectos DIY es el ahorro económico. En lugar de gastar sus escasos recursos contratar a profesionales o comprar productos prefabricados, el DIY permitía a Jupiter, Pete y Bob realizar tareas y fabricar objetos por su cuenta, a menudo con materiales que habían entrado como chatarra en el Patio Salvaje y que ellos reparaban para darles una segunda vida. Robert Arthur recordará al lector en muchas de sus novelas que, gran parte del mobiliario del Puesto de Mando había sido “recuperado” por Los Tres Investigadores:
Todo el equipo había sido reconstruido de chatarras entradas en el patio [el Patio Salvaje] excepto el teléfono cuya instalación pagaron con el dinero que ganaron con trabajos hechos en el “Patio Salvaje”
Misterio del loro tartamudo
Estimula la creatividad
El DIY es un excelente ejercicio para liberar la creatividad. En las aventuras de este trío de detectives los proyectos de bricolaje les permitían personalizar y diseñar objetos y espacios según sus gustos y necesidades, algo que no siempre es posible al comprar productos ya hechos. Crear algo único, con tu propio estilo, no solo es gratificante, sino que también te ofrece un sentido de identidad y satisfacción personal. En este punto creo que merece la pena destacar el increíble “Todolove” un periscopio creado a partir de algo tan simple como es el tubo de una estufa, todo un alarde creativo que me inspiró a hacer mi propio periscopio con un par de espejos y cartón ¡qué ilusión me hizo!
Se fue a un ángulo de la diminuta habitación. Un tubo de estufa de pequeño diámetro subía hasta el tejado del remolque. Acaba en codo y tenía adheridos otros dos pequeños tubos a modo de manillar. De cerca parecía un periscopio, cosa no sorprendente, pues en realidad era un periscopio rudimentario. Jupiter lo había construido la semana anterior.
El puesto de mando era un secreto para el mundo exterior, de tan oculto como estaba. Pero también resultaba que desde él tampoco se podían ver las inmediaciones.
Jupiter puso remedio construyendo un periscopio al que bautizó con el nombre de “Todolove”. Constaba de varios tubos de estufa y espejos instalados en sus codos. Salía por el techo junto a la claraboya. Cualquiera que lo viese pensaría que era el tubo ordinario de una estufa.
Misterio de la momia
Fomenta la independencia y la autonomía
El DIY también empodera a quien lo practica al hacerle más autosuficiente. En lugar de depender de otros para realizar tareas o arreglar cosas en casa, puedes aprender a hacerlo por ti mismo. Esto no solo es útil en términos prácticos, sino que también te da un mayor control sobre tu entorno y te permite tomar decisiones más informadas sobre cómo gestionar tu espacio, tus objetos y tu tiempo.
–¿Qué es esto? -Preguntó Pete.
-Un receptor transmisor -explicó Jupiter-. La muñequera hace de antena. Su alcance, aproximadamente, es de un kilómetro. La idea me la dio la Transmisión de Fantasma a Fantasma. Entonces comprendí que un día necesitaríamos mantenernos en contacto a distancia. Por eso construí este equipo la semana pasada.
Misterio de la momia
Un buen aprendizaje
Quizá una de las grandes enseñanzas que dejaron las aventuras de Los Tres Investigadores es esa filosofía del do it yourself que impregnaba cada caso. Jupiter, Pete y Bob no esperaban a que otros resolvieran los problemas por ellos: construían, reparaban, investigaban y daban forma a sus propias soluciones con ingenio y esfuerzo. Desde el mítico escondite en el depósito de chatarra hasta los pequeños artilugios y métodos que utilizaban en sus investigaciones, todo nacía de la creatividad y del trabajo hecho con sus propias manos.
Y es precisamente ahí donde reside una de las satisfacciones más profundas que transmiten las novelas de Robert Arthur. No hay nada comparable a contemplar un proyecto terminado sabiendo que es fruto de tu dedicación, tus ideas y tus habilidades. Ese sentimiento de logro, tan auténtico y personal, no solo resulta enormemente gratificante, sino que también fortalece la confianza en uno mismo y nos recuerda que, con imaginación y constancia, somos capaces de crear mucho más de lo que pensamos.

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia