Mis queridos villanos

Sorprende que, con todo lo que se ha escrito en webs, blogs o foros sobre la colección de Los Tres Investigadores, apenas se les haya dedicado unas líneas a los villanos, criminales y antagonistas que Robert Arthur (y el resto de escritores que le siguieron) introdujo en sus novelas. Más allá de la necesaria tensión narrativa que generan y el torrente de emociones que provocan, creo que pocos lectores sospechan el importante papel que estos oscuros personajes jugó en su formación como personas.

“Para que una historia nos emocione, nos mantenga en vilo, nos invite a pasar las páginas… tiene que existir un conflicto, un problema, un enfrentamiento o una huida. En las narraciones infantiles los personajes malvados ofrecen al héroe la posibilidad de ponerse a prueba, de retar al mal, de mostrar sus habilidades para asegurar un final feliz.

Web del IV Salón del Libro Infantil y Juvenil de Salamanca

He traído este tema a colación porque como comenta Miguel Cencerrado en su artículo «Sin malos no hay cuento»  los villanos ya no son lo que eran. Son personajes «descafeinados». En la actualidad, los libros infantiles pasan de puntillas sobre el lado más oscuro de la condición humana y por ello se «dulcifica» a los personajes malvados en un afán mal entendido de no exponer a los jóvenes lectores a los peligros del mundo real.

Por lo que últimamente se escribe, se habla y debate en torno a la literatura infantil y juvenil pareciera que se han disparado las alarmas alertando de que los villanos y villanas pudieran estar en peligro de extinción, de que en las tramas de las historias que se ofrecen a niños y niñas se evitaran los conflictos, de que los argumentos que las nutren estuvieran en exceso descafeinados, de que tal vez se nos estuviera yendo la mano al desaguar el bacalao, valga el símil.”

Miguel Cencerrado

Pero lejos de proteger a los jóvenes lectores, estos nuevos planteamientos literarios les hacen más vulnerables al privarles de un aprendizaje vicario, adquirido gracias a sus lecturas. En la literatura infantil y juvenil, los personajes que encarnan el mal desempeñan un papel fundamental en la formación ética y emocional de los lectores. A través de sus acciones, conflictos y enfrentamientos con los protagonistas, los jóvenes aprenden a reconocer valores como la justicia, la empatía, la valentía o la honestidad, comprendiendo también las consecuencias de la ambición, el engaño o la crueldad.

A lo largo de esta entrada reproduciré fragmentos del artículo de Cencerrado, acompañados de ejemplos tomados de las novelas de Los Tres Investigadores, las cuales ofrecen una extensa galería de auténticos villanos y antagonistas que contribuyeron decisivamente en la adquisición de planteamientos éticos y morales de sus lectores.

Un rol inestimable

Los villanos en la literatura infantil y juvenil, al cabo, desempeñan un papel crucial en el desarrollo de las historias y en la formación de los lectores jóvenes. Aunque a primera vista puedan parecer antagonistas simples y malignos, su presencia y características tienen un propósito más profundo en la narrativa. Los villanos proporcionan un contraste necesario con los héroes y heroínas, lo que resalta sus virtudes y valores. Además, representan los desafíos y obstáculos que los protagonistas deben superar, lo que genera tensión y emoción en la trama.

Dentro de la caja había una gran rata blanca muerta hacía bastantes horas.

-¿Podrás resolver este horripilante crimen?, Macsherlock? ´-preguntó [Skinny a Jupiter]-. Te ofrezco un considerable recompensa por la captura del culpable. ¡Cincuenta sellos de correos!

Sus seguidores demostraron encontrar graciosísimo ese humor pestilente. Jupiter no cambió de expresión. Meramente, asintió sin descomponer su aire digno.

-Comprendo tu interés en que se haga justicia. Skinny. Observó que la desventurada víctima era una de tus mejores amigas.

La risa en el coche sufrió un colapso por congelación.

Las mejillas de Skinny se tiñeron.

Misterio en el Castillo del Terror

Los personajes malvados también ofrecen a los jóvenes lectores la oportunidad de explorar temas complejos como la moralidad, la justicia y la empatía. Al enfrentarse a las acciones de los villanos y sus motivaciones, los niños y adolescentes pueden reflexionar sobre actitudes, comportamientos y toma de decisiones, su lógica, su ética, así como sobre las consecuencias de dichas acciones. Esta exploración les ayuda a desarrollar un sentido crítico y una comprensión más profunda del mundo que los rodea.

Tu socio [Jupiter] es muy listo pese a su apariencia de bobo. Si quisiera incorporarse a mi banda, lo convertiría en el más renombrado ladrón de estos contornos, en menos de diez años.

-Gracias -se excusó Jupiter-. Toda actividad delictiva resulta difícil y termina en desastre.

 

Misterio del tesoro desaparecido

Además, los villanos en la literatura infantil y juvenil pueden ser representaciones simbólicas de los miedos y desafíos que los jóvenes enfrentan en su vida cotidiana. Al enfrentarse a estos personajes en el mundo ficticio, los lectores pueden encontrar formas de lidiar con sus propios temores y conflictos internos. Asimismo, la derrota del villano y el triunfo del héroe pueden transmitir un mensaje poderoso de esperanza y resiliencia, mostrando a los jóvenes que es posible superar incluso los desafíos más difíciles.

Un error

En las novelas dirigidas al público juvenil, los escritores tienen una responsabilidad formativa que va más allá del mero entretenimiento. La adolescencia es una etapa clave en la construcción de la identidad, de la escala de valores y de los referentes morales; por ello, los personajes y conflictos que aparecen en estas historias influyen de manera directa en la forma en que los jóvenes interpretan la realidad y toman decisiones en su vida cotidiana.

Por eso, reconocerla [la maldad] es algo fundamental, casi biológico. Sirve para poder crecer, para aprender. Pero, sobre todo, para identificar sus rasgos y poder salir huyendo en cuanto los detectamos en los demás o parar, en cuanto los detectamos en nosotros mismos.

En este contexto, es fundamental que los villanos sean presentados de manera clara como modelos de comportamiento a evitar. Cuando el mal se muestra sin ambigüedades morales, el lector puede identificar con mayor facilidad qué actitudes, conductas y decisiones son dañinas para la convivencia social y para el desarrollo personal. Esta claridad narrativa permite trasladar el aprendizaje de la ficción a la vida real, reforzando valores como la justicia, la empatía, el respeto a la ley y la responsabilidad por los propios actos.

Los dos hombres se abalanzaron a los chicos [Jupiter y Peter]. Pasaron dos grandes sacos de yute por sus cabezas y ataron firmemente las bocas de los sacos.

-Los cargaremos en el camión y nos los llevaremos con nosotros -dijo Rawley-. ¡En marcha!

Driller puso pegas. Los chicos serían una murga. ¿Por qué no dejarlos allí? […]

-No es preciso -contestó Rawley a la propuesta de su socio-. ¿Para qué crees que me llevo estos dos sacos de plata? Tan pronto nos cansemos de ellos les ataremos los sacos a los pies y los echaremos por la borda.

Misterio del tesoro desaparecido

 

Asimismo, resulta imprescindible que en este tipo de novelas quede patente que los malvados siempre reciben su castigo y sufren el peso de la ley o de las consecuencias morales de sus acciones. Mostrar que el crimen, la manipulación o la violencia no quedan impunes contribuye a consolidar la idea de que la sociedad se rige por normas que protegen el bien común. De este modo, la historia refuerza la confianza en la justicia y desalienta la normalización de conductas antisociales.

—Sí, señor —admitió Júpiter—. Harry y Joe ingresaron en la cárcel, pues tienen frondoso historial delictivo. 

Misterio de la momia

Sin embargo, la idealización de villanos dotados de rasgos como una gran inteligencia, carisma, buena educación o alta cultura puede generar una corriente de simpatía o admiración que resulta contraproducente para la formación en valores de los jóvenes lectores. Cuando estos atributos eclipsan la maldad de sus actos, existe el riesgo de que los lectores minimicen el daño causado o incluso justifiquen comportamientos éticamente reprobables. Esta confusión moral puede llevar a una percepción distorsionada de la realidad, donde el mal se presenta como atractivo o aceptable. Creo que Robert Arthur se equivocó en el Misterio del reloj chillón al presentar a Huganay como una persona tan inteligente que impidió su detención por parte de la policía.

 Además, esta idealización puede tener consecuencias prácticas en la vida real. Los jóvenes, al no contar todavía con una experiencia vital sólida, pueden verse más fácilmente influenciados o manipulados por personas que presenten una imagen atractiva pero actúen de forma dañina. Las novelas juveniles, por tanto, deben evitar glorificar este tipo de perfiles para no contribuir a que los lectores se conviertan en víctimas de situaciones similares fuera de la ficción.

Epílogo

En resumen, los villanos en la literatura infantil y juvenil son mucho más que simples personajes malvados. Su presencia enriquece las historias, fomenta el desarrollo moral y emocional de los lectores jóvenes, y les ofrece la oportunidad de explorar temas complejos de una manera accesible y estimulante. Por lo tanto, son un elemento fundamental en el universo literario de los niños y adolescentes, que contribuye a su crecimiento y desarrollo como lectores y como personas.

Es necesario preguntarnos qué tipo de imaginario queremos que las generaciones más jóvenes habiten: uno edulcorado, libre de cualquier peligro o dificultad, o uno que plantee situaciones adversas a las que se debe hacer frente, quizás más cercano a la realidad que nos circunda.”

Marta Larragueta

Por todo ello, creo que los lectores de Los Tres Investigadores debemos recordar con cariño a Skinny Norris, al señor Won, a los hermanos Ballinger y a tantos otros villanos que asumieron en estas novelas un rol tan oscuro como necesario para que los lectores pudiésemos aprender lo que una persona honrada y con valores positivos nunca debería hacer.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia