Las infames traducciones
La traducción al castellano de los treinta primeros títulos de la colección, publicados en España bentre 1968 y 1980 por Editorial Molinó, corrió a cargo de cinco profesionales diferentes, cada uno de ellos con sus luces y sus sombras. Estos traductores fueron:
- M. L. Pol de Ramírez (12 títulos)
- C. Unterlohner (3 títulos)
- Martí Lloret (1)
- Ramón Margalef Llambrich (4 títulos)
- M. Giménez (10 títulos)
He decidido incluir esta entrada en el apartado Escritores, porque las traducciones realizadas por alguno de estos profesionales fue tan nefasta que, al comparar su trabajo con los textos originales, da la impresión que los reescribieron a su antojo. En otros casos, la traducción de elementos identitarios de la serie variaba notablemente, dependiendo de quien la realizase. Valga como ejemplo que el remolque oculto entre los montones de chatarra que servía de oficina a Los Tres Investigadores, recibirá tres nombres diferentes en estas novelas.
M. L. Pol de Ramírez
María Lourdes Pol de Ramírez fue la encargada de la traducción de los doce títulos de la colección original que se detallan a continuación: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 13 y 14.
Aunque ninguno de los profesionales que la siguieron la superaría en cuanto al número de títulos traducidos, su trabajo dejó muchísimo que desear, especialmente en la adaptación y traducción de los primeros libros de la colección .
En algunos casos realizó traducciones erróneas de elementos icónicos de las novelas. Por ejemplo:
- El nombre de la puerta secreta “Easy Three” fue traducido como “Los Tres Tranquilos”, algo sinsentido y ridículo. Al ver el nombre de las otras puertas secretas es fácil comprobar que Robert Arthur utilizó el término “Three” como ordinal y no como sustantivo. La traducción correcta de esta puerta hubiese sido «Fácil Tres».
- Discutible podría ser la traducción del Headquarter que aparecía como Puesto de Mando en estos 12 libros. Literalmente se traduciría como Sede, aunque más acertada hubiese sido la traducción que encontramos en los libros traducidos por C. Unterlohner y Martí Lloret: Cuartel General.
- Traducciones absurdas como ocurre en el siguiente párrafo del Misterio del loro tartamudo:
[…] El señor Alfred Hitchcock nos mándo aquí. Dijo que usted había perdido su loro y que la policía no ayudaba a recuperarlo. Somos investigadores y venimos a ofrecerle nuestros servicios para hallar su favorito.
Misterio del loro tartamudo
Cuando realmente, en la versión original en inglés, el final de ese párrafo lo que puede leerse es que le ayudarían a «recuperar su mascota perdida» y no «su favorito» como aparece en la traducción de M. L. de Pol:
[…] Mr. Alfred Hitchcock sent us here. He said you had lost your parrot and the police wouldn’t help you find it. We’re investigators, and we were coming to assist you in the recovery of your missing pet.”
Misterio del loro tartamudo
También escribió con minúsculas el nombre de determinados ubicaciones, lo que puede provocar ciertas confusiones en los lectores. Un claro ejemplo, es la traducción El nombre original de la entrada secreta «Four Door» lo tradujo como «puerta cuatro» y el de «Secret Four» como «entrada cuatro».
Otro aspecto que dejó perplejos a muchos lectores es la cantidad de palabras o expresiones que si bien pudieran ser de uso común en Latinoamérica, en España “sonaban” bastante raras.
- En vez de chatarrero, emplearía la “chatarrista”, palabra que ni siquiera aparece en el diccionario de la R. A. E.
- Y que decir de las «barras de yeso» que llevaban Los Tres Investigadores, creo que si hubiese empleado la palabra tiza, resultaría más apropiado para los jóvenes lectores.
- O «varilla mágica» en vez de «varita mágica».
Introdujo datos erróneos, en sus infames traducciones. Valga como ejemplo la traducción de la altura de los los hermanos Hans y Konrad, que en la versión inglesa miden 6 pies y cuatro pulgadas:
With Mr. Jones bossing, Hans and Konrad got the rest of the parts of the pipe organ off the truck. The two brothers were Bavarians – each about six feet four inches tall and very blond. They could lift almost anything.
The secret of theTerror Castle
Cuya traducción a nuestro idioma sería la siguiente:
Con el señor Jones al mando, Hans y Konrad sacaron el resto de las piezas del órgano de tubos del camión. Los dos hermanos eran bávaros: cada uno medía unos seis pies y cuatro pulgadas [Six feet four inches equivalen a 193.04 cm aproximadamente] y eran muy rubios. Podían levantar casi cualquier cosa.
Sin embargo, M. L. de Pol Ramírez decidió que medían 1.80 m ¡Qué desfachatez y qué poco orgullo profesional! Ni se molestó en buscar las equivalencias entre medidas. A continuación, puede verse cómo quedó traducido el párrafo anterior:
Hans y Konrad trasladaron las piezas del órgano. Los dos hermanos eran bávaros, medían uno ochenta de alto y eran muy rubios.
Misterio en el Castillo del Terror
Incorrecciones gramaticales:
-
Alerta rojo. (pg. 62, vol. 14)
-
“el dragón respiraba fuego y humo” cuando lo correcto hubiese sido decir “el dragón exhalaba fuego y humo”. (pg. 15, vol. 14)
- Superpeso en vez de «sobrepeso (vol. 2, pg. 11)
Un capítulo aparte, merecería la nefasta traducción que realizó de los acertijos que aparecen en el Misterio del loro tartamudo y en el Misterio del reloj chillón. Las tradujo literalmente, sin adaptarlas al castellano (algo que sí hizo Miguel Giménez Sales, en el Misterio del testamento sorprendente) para que tuviesen sentido para los lectores españoles, apenas puso notas a pie de página en las que diese algún tipo de explicación que facilitara la comprensión de los acertijos. ¡Vaya desastre!
C. Unterlohner
Carles Unterlohner fue el siguiente traductor que colaboró con Ediciones Molino en la colección de Los Tres Investigadores. Su trabajo se limitaría a realizar la traducción y adaptación de los títulos 11, 16 y 21 de la colección.
Lo que más sorprende del trabajo de este traductor es la diferencia de calidad que existe al comparar las traducciones las dos primeras novelas con la del Misterio del espejo embrujado. El nivel de traducción no es que sea muy allá, pero en este último caso, la traducción es pésima, yo he llegado a pensar que la realizó una persona diferente. Un buen ejemplo, de lo que estoy comentando lo encontramos en esta última novela, donde la frase “Straining for ordinary remark” que aparece en el texto original y que en español se traduciría como “Esforzándose por hacer un comentario” , C. Unterlohner la tradujo como “Esforzándose por hablar con palabra convencional, prosiguió:”
Tal vez, uno de los errores más llamativos sea la traducción de la jerarquía de cada uno de los Tres Investigadores, que en vez de referirse a ellos como primer, segundo o tercer investigador lo hace con la fórmula investigador primero, segundo tercero, lo cual suena rarísimo. Este error es muy manifiesto que se aprecia en la tarjeta de negocios que aparece en el Misterio del león nervioso.
También emplea palabras que no aparecen en la R.A.E., algunas de ellas son:
-
- Conductriz (pg. 5, vol 21 de Gráficas Pérez)
- Derechohabiente (pg. 55, vol 21 de Gráficas Pérez)
Expresiones, que aunque no estoy seguro de si se trata de ncorrecciones gramaticales, desde luego no suenan nada bien:
-
- Que valga la pena de llevárselo
- Su casa ésta, me fascina
- Debieron verlo y saberlo personas incontables
- Oye, que acabamos de principiar
- Conduzcanos hasta la casa ésa abandonada.
- Secuestrado en la casa aquélla
En el Misterio del espejo embrujado utilizará la palabra harto hasta la saciedad: harto pequeño, harta frecuencia, harto conocido, harto adornado, harto razonable, harto bien, harto interesante…
Los buenos traductores
A pesar de los problemas de coherencia y calidad que caracterizaron el trabajo de los dos primeros traductores, la serie también contó con magníficos profesionales que realizaron una estupenda adaptación al español de los textos originales. Gracias a su sensibilidad, muchos diálogos fluyen con naturalidad, logrando que los personajes resulten cercanos y creíbles para los lectores. Sin embargo, ese buen hacer individual no llegó a consolidarse en una línea común. La ausencia de un criterio unificado a la hora de traducir elementos identitarios —nombres propios, lugares clave o fórmulas recurrentes— impidió que ese talento se tradujera en una experiencia homogénea. Así, incluso las mejores traducciones quedaron en cierto modo aisladas dentro de un conjunto irregular, donde la falta de coordinación terminó pesando más que los aciertos puntuales.
En el caso de Matí Lloret, su colaboración con Editorial Molino fue bastante efímera, puesto que sólo tradujo el volumen número 15 de la colección original. Sin embargo, su trabajo destacó por su capacidad para adaptar el tono ágil y juvenil del original al castellano sin perder fluidez. Lloret cuidó especialmente los diálogos y el ritmo narrativo, logrando que las historias resultaran naturales para el lector español, algo clave en una colección pensada para enganchar a jóvenes lectores.
Por su parte, Ramón Margalef en las traducciones de los cuatro títulos que realizó (volúmenes 12, 24, 25 y 26 de la colección) contribuyó con un estilo claro y directo, muy adecuado para la narrativa de misterio juvenil. Su trabajo ayudó a consolidar la popularidad de la serie en España, asegurando coherencia terminológica y continuidad entre volúmenes, lo que fue fundamental para que los lectores siguieran fielmente las aventuras de los protagonistas.
Finalmente, Miguel Giménez Sales aportó una sensibilidad particular hacia el contexto cultural. En sus traducciones (volúmenes 17, 18, 19, 20, 22, 23, 27, 28, 29 y 30) se percibe un esfuerzo por hacer comprensibles ciertas referencias estadounidenses sin desvirtuar la ambientación original. El ejemplo más claro de esta última observación, lo encontramos en el Misterio del estamento sorprendente, en el que tal y como apunta en una de sus primeras páginas, priorizó la comprensión del texto frente a la traducción literal del mismo. Este equilibrio permitió mantener el encanto exótico de la serie mientras la hacía accesible al público hispanohablante.
Las secuelas
Las traducciones al español de la serie Los Tres Investigadores evidencian una notable falta de coherencia y calidad, especialmente en el trabajo de M. L. de Pol Ramírez y C. Unterlohner. Sus versiones, lejos de mantener una continuidad terminológica con entregas anteriores o posteriores, introducen variaciones que afectan directamente a elementos clave del universo narrativo. Nombres icónicos como el del cuartel general (Headquarters), las entradas secretas o incluso fórmulas recurrentes como la “Llamada de Fantasma a Fantasma” aparecen traducidos de formas distintas según el volumen, lo que rompe la sensación de familiaridad que debería acompañar a una serie dirigida a un público juvenil fiel. Estas decisiones no parecen responder a una estrategia editorial clara, sino más bien a criterios individuales o a una falta de coordinación entre traductores.
El problema se agrava al considerar que hasta cinco traductores distintos participaron en la adaptación de la serie original al español, cada uno con su propio enfoque y sensibilidad lingüística. Esta disparidad de criterios generó una identidad fragmentada de la colección, donde términos fundamentales fluctuaban sin justificación aparente. Para los jóvenes lectores, esto suponía una experiencia desconcertante: lo que en un libro tenía un nombre concreto, en el siguiente podía cambiar sin explicación, dificultando la inmersión y la construcción de un imaginario estable. A largo plazo, esta inconsistencia no solo debilitó la cohesión interna de la serie sino que también restó fuerza a su identidad en el mercado hispanohablante.

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia