Las ilustraciones interiores
La inclusión de las ilustraciones, en blanco y negro y a página completa, que acompañaban al texto de las novelas de Los Tres Investigadores, fue uno de los grandes aciertos del diseño editorial que caracterizó a los volúmenes de la colección original. Gracias a ellas, la lectura ganaba en atractivo para los lectores y en su mente se grababa de forma indeleble una imagen compartida de sus admirados detectives.
En el caso de la edición española, Ramón Escolano fue el encargado de realizar todos los dibujos interiores de los 43 primeros títulos de la saga. Aunque para ser exactos, habría que precisar que en los títulos 1 al 10 de la primera edición -impresa en los talleres de Artes Gráficas Ponsa- aparecían los mismos dibujos que realizó Harry Kane para la edición que Random House comercializó en Estados Unidos. Salvo esta excepción, en el resto de libros, perteneciesen a la edición que fuese, siempre se incluirían las creaciones de Ramón Escolano.
La evolución gráfica
Las ilustraciones de los 23 primeros títulos, estaban realizadas con grafito, aunque posiblemente algunas de ellas presentasen una técnica mixta: grafito y tinta china.
Cuando se observan cronológicamente los dibujos puede comprobarse que hay tres momentos claves en los que se produce un cambio notorio en el estilo y apariencia que presentan los dibujos. A partir de ese momento, los dibujos se realizarán a tinta china.
- El primero de ellos se produjo en el Misterio de la calavera parlante perteneciente a la primera edición de la colección. Es aquí cuando los dibujos de Harry Kane dejan paso a los de Ramón Escolano.
- El segundo momento importante se produjo en el Misterio de la mina mortal. Hasta ese momento, en los títulos anteriores las ilustraciones se imprimían “a sangre”, es decir, el dibujo ocupaba toda la página haciendo coincidir los bordes de sus cuatro lados con los de la hoja sobre la que estaba impresa. A partir de ese título y hasta el número 43 de la colección original, se imprimirían “a caja”, lo que significa que alrededor de la imagen se dejaba un espacio en blanco de unos 3 cm por cada uno de sus lados. A mi personalmente, me parecían mucho más atractivas el primer tipo de imágenes, pero supongo que como en todo, esto es cuestión de gustos. A partir de este momento, los dibujos de Escolano se vuelven mucho más simples, menos elaborados y pierden buena parte de su atractivo.
- El tercer momento de cambio, se produjo en el Misterio del espantapájaros siniestro. En este título y, en todos los que le seguirían después, Random House decidió suprimir las siete ilustraciones interiores que acompañaban al texto de cada novela. Sin embargo, en la edición española siguieron incluyendo dibujos originales creados por Ramón Escolano. Amplío este dato en el siguiente apartado.
Algunas curiosidades
Por si alguien no ha tenido la oportunidad de comparar las ilustraciones que aparecen en los libros de Editorial Molino con las publicadas en Norteamérica, les diré que los dibujos de Ramón Escolano, eran versiones casi idénticas de las realizadas por Harry Kane, Ed Vebell, Jack Hearne o Herb Mott. Aunque, por motivos que desconozco alguno de ellos es una creación original del ilustrador catalán. Es el caso de la primera ilustración que aparece en el Misterio de la isla del Esqueleto que como se aprecia en las imágenes que aparecen bajo este párrafo, difieren notablemente.
Esto sería así hasta el Misterio del doble mortal, momento en el que en EE.UU. los nuevos títulos de la colección dejarían de incluir estos dibujos interiores. Aunque, en España, Editorial Molino siempre adoptaba los cambios que aparecían previamente en los libros de Random House, en esta ocasión decidió ir a contracorriente, y seguir incluyéndolas, lo cual permitiría a Escolano crear ilustraciones originales y dar rienda suelta a su creatividad.
Un dato curioso, es que todos los libros de la colección original publicados en España por Ediciones Molino, incluían siete dibujos interiores, salvo el Misterio del loro tartamudo y el Misterio de la momia pertenecientes a la primera y segunda edición, que traían ocho. Esta anomalía se debía a que, en cada uno de ellos, uno de los siete dibujos se repetía y aparecía impreso en la página número dos, en el mismo lugar que en ediciones posteriores aparecería el listado de títulos de la colección. Incluir una imagen repetida en esa misma página, era algo característico de la edición de Random House. Lo curioso, es que en España sólo se hizo en esos dos únicos casos. Además, como ya se ha explicado anteriormente, en la primera edición aparecían los dibujos originales de Harry Kane y en la segunda la versión de los mismos a cargo de Escolano.
Dibujo original de Harry Kane (1ª ed. Editorial Molino)
Dibujo de Ramón Escolano (2ª ed. Editorial Molino)
Dibujo de Ramón Escolano (2ª ed. Editorial Molino)
Un clásico: las chapuzas
Desgraciadamente, como ocurriría con otros elementos gráficos de la colección, estos dibujos no escaparon a la mala praxis de los técnicos de impresión de Gráficas Pérez. No me cansaré de repetirlo, pero los estándares de calidad de esta imprenta fueron ínfimos, tanto en la fase de pre impresión, como en la de impresión o de post impresión. Veamos algunos ejemplos del catálogo de despropósitos que cometieron estos profesionales de la chapuza.
El primero de ellos lo encontramos en el Misterio del fantasma verde. Este error también aparece en todas las ediciones de Ponsa (excepto en la primera). Como puede observarse, las ilustraciones que deberían aparecer en las páginas y , se cambiaron la una por la otra dando lugar a cierta confusión en los lectores al no guardar la ilustración ninguna relación con el texto de la novela. Lo peor de todo es que no se molestaron en corregir estos fallos de impresión en ediciones posteriores. ¡Una pena!
Bajo estas líneas el lector puede observar esas mismas ilustraciones (primera edición, Artes Gráficas Ponsa) insertadas de forma correcta en el texto:
Otra ñapa, digna de mención es la que cometieron con los dibujos que aparecían en el Misterio del gato de trapo. En este caso, el error tiene que ver con el escalado de la imagen. Si se observa el tamaño de las ilustraciones en relación con el de la página, se comprobará que éstas son de un tamaño muy inferior al que cabría esperar. Esto se debe a que no se ajustó el tamaño del arte final al de la página del libro. El resultado es una imagen que deja “aire” por los cuatro costados. Por si a alguien le queda alguna duda, sobre si esto es o no un error de impresión, le invito a que compare las mismas páginas de los libros de Ponsa con las de los de Gráficas Pérez, las cuales incluyo a continuación.
Con certeza fue un error porque no sería hasta el Misterio de la mina mortal cuando las ilustraciones interiores se imprimieron a caja, es decir dejando un espacio en blanco al rededor de ellas.
Más chapuzas
Para desgracia de los lectores, este inventario de fallos de impresión, aún no ha acabado. Aunque en este caso el error es mucho más sutil, seguro que para quienes tengan nociones de diseño gráfico no les habrá pasado desapercibido. Como he comentado anteriormente, en los 23 primeros títulos de la colección las imágenes se imprimían “a sangre” ocupando todo el espacio disponible en la página. Pero basta con ojear alguno de estos libros para comprobar que las ilustraciones no estaban bien ajustadas a las dimensiones de la página y hay lados del dibujo en los que queda casi un centímetro en blanco. Dicho de otro modo, el dibujo por unos lados estaba a sangre y por otros a caja, lo que constituye, en este caso, un error cometido por los impresores.
Errores heredados
En este apartado voy a referirme a un error que se observa en el Misterio de la sombra riente y el cual tuvo su origen en los talleres de impresión de Random House. Me refiero a la ilustración que acompaña al texto del capítulo 18 de esta novela (ver la imagen bajo este párrafo) cuya escena representa a Pete ascendiendo desde la base del macizo rocoso conocido como Indian Head Mountain junto a dos indios yaquali, algo que no ocurrirá hasta el capítulo 20. En el capitulo 18 lo que se narra es el descenso por un precipicio de Pete y Bob, junto a dos indios yaquali, desde la cabaña donde les había recluido el señor Harris, un villano redomado sin escrúpulos que pretendía apoderarse del tesoro perdido de los Chumas.
Cuando la novela comenzó a publicarse en España, los talleres de artes gráficas en los que se imprimió, reprodujeron el error sistemáticamente sin plantearse que tal vez el capítulo 18 no era el lugar en el que debería incluirse la ilustración. Es por ese motivo, por el que en cierto modo fue un error heredado en el que nadie reparó. ¡Uno más!

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia