Los títulos

Siempre se ha dicho que el éxito no llega por casualidad. Y es verdad. Una buena prueba de ello, es la meteórica popularidad que en su día cosechó la colección de Los Tres Investigadores entre los lectores infantiles. Cuando su creador decidió plasmar sobre el papel la idea de escribir una serie de novelas policíacas protagonizadas por jóvenes detectives no dejó nada al azar. Detrás de los esfuerzos creativos de Robert Arthur había todo un trabajo previo de investigación que guiaría y daría forma a muchos de los exitosos elementos narrativos que marcaron la diferencia con otras sagas similares.

 

De las declaraciones de Elizabeth Arthur parece desprenderse que a la par que a idea de Los Tres Investigadores tomaba cuerpo en la cabeza de su padre, éste se dedicó a analizar de forma minuciosa hasta el más mínimo detalle de todas y cada una de las series de libros de misterio que en aquellos años gozaban de gran popularidad  entre el público infantil o lo habían hecho en las décadas anteriores. Una de las conclusiones a las que debió llegar Robert Arthur fue que el título era un factor muy relevante a la hora de cautivar la atención de sus lectores. En sus novelas siempre se decantó por títulos breves, sugerentes y tremendamente evocadores. Palabras relacionadas con el mundo del terror y lo paranormal como momia fantasma, esqueleto o calavera son una constante en los títulos de sus novelas.

La influencia de Enid Blyton

Basta con una rápida lectura de los títulos que encabezan las diez novelas escritas por Robert Arthur entre 1964 y 1969, para comprobar que ocho de ellos siguen la estructura “El misterio de/del + sustantivo + adjetivo” Esta fórmula además de dotar de una estructura común a los títulos de la colección, a la postre, se convertiría en un elemento muy característico de la identidad editorial de la saga. Aunque conviene aclarar que este acierto creativo no fue una innovación suya. 

Dos décadas antes, la escritora británica Enid Blyton ya la había aplicado en su serie de libros de misterio infantil Los Cinco Buscadores y Perro, también conocidos como Los Cinco Buscadores. El primero de ellos se publicó en 1943 y el último en 1961. Ambientado en el pueblo ficticio de Peterswood, inspirado en Bourne End, cerca de Marlow, Buckinghamshire, los niños Fatty (Frederick Trotteville), líder del equipo, Larry (Laurence Daykin), Pip (Philip Hilton), Daisy (Margaret Daykin), Bets (Elizabeth Hilton) y Buster, el perro de Fatty, se enfrentan a un misterio casi cada vacaciones escolares, y siempre resuelven el enigma antes que el Sr. Goon, el desagradable policía del pueblo, para su disgusto. En todos ellos se aplica la fórmula «The Mystery of…»

La influencia de Edwar Lee

Edward Edson Lee (1884 – 1944) fue un popular autor de literatura infantil en las décadas de 1920 y 1930, que escribió bajo el seudónimo de Leo Edwards. Publicó cinco series de libros: la serie de Jerry Todd, con dieciséis libros; la serie de Poppy Ott con once libros; la serie de Trigger Berg, con cuatro libros; la serie de Andy Blake, con cuatro libros y la serie de Tuffy Bean, con cuatro libros.

Inicialmente olvidados tras su muerte, los libros de Lee (la mayoría de ellos adornados con las llamativas e idiosincrásicas ilustraciones de Bert Salg) se han convertido en objetos de gran valor para los coleccionistas de libros infantiles.

Cuando se lee el listado de títulos de sus series, es fácil comprobar cómo algunos de ellos son idénticos a los que más de cuarenta años después utilizaría Robert Arthur, en su saga Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores. En concreto, estos títulos son los de Jerry Todd y la Momia Susurrante (1923) y Poppy Ott y el loro tartamudo (1926).

Es muy probable que cuando Dennys Lind  aceptó colaborar en la colección de Los Tres Investigadores, Robert Arthur le hiciese algunas sugerencias de estilo sobre la redacción de los títulos de sus futuras novelas, poniéndole como ejemplo los elegidos por Edwar Lee para los relatos de sus sagas. Por ello, no me sorprende el parecido entre el título de su primera novela Misterio de la cueva de los lamentos (en inglés, The mistery of the moanig cave) y el de Edwar Lee: Jerry Tood en la cueva de los susurros (en inglés, Jerry Todd in the whispering cave)

Los títulos españoles

Si por curiosidad, algún lector decidiese comparar los títulos originales de la edición estadounidense con los de la edición española seguro que no le pasarían desapercibidos algunos de los cambios que Editorial Molino introdujo en la traducción al castellano de los mismos. El más sutil, es que a todos ellos se les aplicó la fórmula “Misterio de…, Misterio en… o Misterio del…”, lo cual no sólo implicaría la desaparición del artículo “The” que aparecía en la versión norteamericana sino también la modificación de los pocos títulos que comenzaban como “El secreto de…”.

Con estos cambios, el editor tal vez persiguiese dotar de una mayor homogeneidad visual al listado de la colección o tal vez ofrecer una ayuda nemotécnica a sus lectores, a la vez que convertía la estructura de los títulos en un elemento identitario y diferencial de la saga, si se comparaba con otras colecciones del mismo género dirigidas al público infantil, que en ese momento se comercializaban en España. Pero estas no fueron las únicas modificaciones de la edición en castellano.

También hay otros cambios más llamativos, como son aquellos en los que se decidió eliminar alguna palabra, generalmente el adjetivo calificativo que siempre acompañaba al sustantivo en el título original. Este es el caso del Misterio del dragón, cuyo nombre original era el Misterio del dragón resfriado (en inglés, The mystery of coughing dragon).

Algo idéntico ocurrió con el Misterio de la momia, que en la edición de Random House se publicó bajo el título El misterio de la momia susurrante (en inglés, The mystery of the whispering mummy). Resulta curioso que en el texto de esta novela, los lectores españoles pueden conocer por boca de Pete el título original de la aventura que, paradójicamente, no coincide con el del libro que tienen en sus manos:

Ciertamente es un misterio -asintió Pete- Bob Andrews lo estará denominando en este mismo momento El misterio de la momia susurrante.

Misterio de la momia

¿Y que pasó con ese adjetivo? Pues, que se añadió al título de la novela número 17, el Misterio de la serpiente susurrante, cuyo título original era El misterio del canto de la serpiente (en inglés, The mystery of the serpent singing). Puestos a buscar una explicación a estos recortes y cambios, es casi seguro que obedecieron a estrategias de marketing encaminadas a aumentar el atractivo de los títulos.

Menos acertados estuvieron con el Misterio del gato de trapo cuyo título original era El misterio del gato retorcido (en inglés, The Mystery of crooked cat) Aunque en contadas ocasiones, en la edición española se adoptasen versiones libres de los títulos de la colección, como en el caso del Misterio del testamento sorprendente, que en la versión original era El misterio del acertijo del muerto (en inglés, The mystery of dead man´s riddle) en general, la traducción de los mismos realizada por Ediciones Molino fue bastante fiel a los originales, lo cual es muy de agradecer.

Un acierto nada casual

Desde el punto de vista del marketing, los títulos que Robert Arthur eligió para las diez novelas fundacionales de la colección Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores fueron una herramienta clave para captar y fidelizar a los lectores jóvenes. Cada título funcionaba como un gancho inmediato: sugerente, inquietante y cargado de misterio, capaz de despertar la curiosidad con solo leerlo.

Al combinar elementos concretos y visuales (un objeto, un animal, un enigma) con una atmósfera de peligro o lo inexplicable, Arthur lograba que cada libro pareciera una aventura única e imprescindible, a la vez que mantenía una identidad clara de colección. Esa coherencia en el contenido y estructura de los títulos reforzó la marca de la serie, facilitó el reconocimiento en las estanterías y convirtió el acto de elegir el siguiente volumen en un impulso casi automático para generaciones de lectores. Pero como hemos visto, este éxito no tuvo nada de casual. El trabajo bien hecho siempre tiene su recompensa.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia