Robert y Sherlock

La literatura detectivesca del siglo XX no puede entenderse sin reconocer la profunda marca que dejó Arthur Conan Doyle con su célebre personaje Sherlock Holmes. Su método deductivo, su atmósfera de misterio y su estructura narrativa se convirtieron en un modelo universal para el género. Entre los muchos autores influenciados por Doyle se encuentra Robert Arthur, creador de la popular serie juvenil Los Tres Investigadores, una colección que, desde su primera entrega en 1964, continuó expandiendo el espíritu holmesiano para una audiencia más joven pero igualmente fascinada por el misterio.

Las novelas de Holmes mezclan intriga cerebral con atmósferas exóticas o sombrías. Arthur, inspirado por ello, sitúa a sus personajes en escenarios que despiertan la curiosidad y el suspense:

  • Mansiones abandonadas, personajes excéntricos, mensajes cifrados y pistas falsas evocan el aire clásico de los casos de Baker Street.

  • El “espectro”, lo paranormal o lo inexplicable juega un rol inicial, pero siempre termina con una explicación racional, homenaje directo al estilo de Conan Doyle.

Así, Arthur conserva la esencia holmesiana: nada es sobrenatural si se investiga lo suficiente.

Un personaje omnipresente

Cuando se leen las novelas de Los Tres Investigadores escritas por Robert Arthur, puede comprobarse que la figura de Sherlock Holmes está omnipresente. Son numerosas las alusiones a este celebérrimo detective que se hacen a él, especialmente en los primeros títulos de la colección. A modo de ejemplo, he incluido algunas de estas referencias:

-No queremos dinero -insistió él [Jupiter]-. Pero todos los detectives famosos tienen a alguien que escribe sus casos, y así la gente llega a conocerlos. Sherlock Holmes, Ellery Queen, Hercules Poirot; todos. He llegado a la conclusión de que es así como se han hecho famosos.

Misterio en el Castillo del Terror

El nombre de este detective universal aparecerá de nuevo en el Misterio de loro tartamudo no en una sino en múltiples ocasiones. En esta aventura, el señor Silver, el dueño de los siete loros que protagonizan la trama de la novela, bautizaría a uno de ellos como “Sherlock Holmes”.

Los tres amigos asintieron. Pete dijo:

-Esos dos ya los conocíamos.

-Luego estaban “Sherlock Holmes” y “Robin Hood”

 

Y será precisamente a este loro al que su dueño le enseñaría una frase en la que se nombra al inseparable compañero de aventuras de Holmes, el doctor Watson:

Sabes mis métodos, Watson. Tres sietes llevan a trece.”

Pero estas no serían las únicas referencias al famoso investigador que aparecen en el texto del Misterio del loro tartamudo. Una nueva alusión, en este caso a la dirección de su domicilio en Londres, puede encontrarse casi al final de la novela:

-La parte 1 dice “Little Bo-Peep ha perdido su oveja y no sabe donde hallarla. Visite a Sherlock Holmes. ¿No advertis aún el mensaje?

-Sherlock Holmes está muerto -dijo Pete.

-Sherlock Holmes es sólo un personaje de novela, concretó Bob-. No podemos visitarlo.

-¡Exacto! -afirmó Jupiter-. El mensaje no invita a visitarlo, sino recurrir a él. ¿Dónde vivía?

-En Londres -respondió Pete.

-En la calle Baker de Londres -puntualizó Bob.

Una fuente de inspiración

La admiración que sentía Robert Arthur por Sherlock Holmes no sólo tendrá su reflejo en las múltiples alusiones a este personaje que incluyó en las aventuras de Los Tres Investigadores sino que, además, le servirá de inspiración: su séptima novela, el Misterio del Ojo de Fuego, está basada en el relato escrito por Sir Arthur Conan Doyle “La Aventura de los Seis Napoleones”:

Estoy seguro de ello -repitió Jupiter- Todo encaja perfectamente. El señor Agosto leía historias de Sherlock Holmes. Entre ellas está “La Aventura de los Seis Napoleones”, en que un valioso objeto aparece en un busto de Napoleón. Esto debió de inspirar al señor Agosto la idea de ocultar su Ojo de Fuego donde nadie sospechase… ¡En un busto escayola!

Misterio del Ojo de Fuego

En otras ocasiones, la influencia de Sherlock Holmes en los misterios a los que deben enfrentarse Jupe, Pete y Bob no es tan explícita. Así, por ejemplo, Robert Arthur replicó en el Misterio del Ojo de Fuego el mismo modus operandi de la banda criminal que aparece en el relato la Liga de los Pelirrojos. Este mismo modo delictivo de proceder también servirá de inspiración a M. V. Carey, en su novela el Misterio del espantapájaros siniestro.

El método deductivo

Sherlock Holmes revolucionó el género al convertir la deducción lógica en el corazón de la narrativa policíaca. Robert Arthur adoptó ese principio y lo adaptó a un contexto juvenil y aunque el tono es menos intelectual que en Doyle, Arthur mantiene viva la idea de que el cerebro es la herramienta principal del detective.

  • Jupiter Jones, líder del trío, es claramente un heredero literario de Holmes: observador minucioso, analítico, capaz de conectar detalles que otros pasan por alto.

¡Ah! —el señor Hitchcock se inclinó hacia delante, muy interesado—. El diente de oro. Dime, por favor, lo que sin duda Sherlock Holmes hubiera deducido también de un diente de oro en la boca de un cub-scout.

Pues verá —repuso Júpiter—. Cuando un niño pierde un diente le crece otro. Eso lo sabe todo el mundo. Nadie pondría a un niño un diente de oro, puesto que se le caería al sal irle el nuevo. —¡Naturalmente! —la comprensión se reflejó en el rostro del director—. Sólo un chico mayor o un hombre llevaría un diente de oro. ¡Exacto! Luego, un diente de oro en la boca de un cub-scout te hizo sospechar de que se trataba de un adulto.

Un adulto pequeño, un enano, con uniforme de cub —aclaró Júpiter—.Él y sus amigos, entre docenas de otros pequeños, pasaron inadvertidos.

Misterio del tesoro desaparecido

 

  • La estructura de muchos casos comienza con una situación aparentemente inexplicable que, a través de la observación y el razonamiento, los protagonistas logran descifrar.

 

Una figura verdosa interceptaba la puerta por donde habían penetrado. Parecía brillar como iluminada desde su mismo interior, y oscilar como niebla soplada por el viento. A Bob, contenido el aliento, le pareció un hombre en larga túnica verde.

¡El fantasmal —-susurró muy débilmente una voz—. El viejo Mathias Green.

 

Misterio del fantasma verde

Robert Arthur en alguna ocasión pondrá frases de Sherlock Holmes en boca de Jupiter Jones, dejando bien claro que el Primer investigador no sólo había leído las novelas de Conan Doyle como puede comprobarse en el Misterio del Ojo de Fuego, sino que además, su filosofía se había convertido en un elemento esencial en los métodos deductivos que Jupiter empleaba para resolver los misterios a los que se enfrentaba:

-Lo haré -contestó Jupiter-. Mientras, reflexionaré sobre la posibilidad de la ventriloquia, Sherlock Holmes dijo una vez que cuando se han descartado todas las respuestas, la que queda, ha de ser la cierta.

Misterio de la momia

Las odiosas comparaciones

En otras ocasiones, Robert Arthur irá más allá y tratará de equiparar sutilmente el talento, la agudeza y la capacidad deductiva de Jupiter con la de Sherlock Holmes, y para ello se valdrá del odioso y sarcástico Skinny Norris y de este modo esquivar las posibles críticas que lo tachasen de presuntuoso y arrogante al equiparar el talento e ingenio de su personaje con el del detective más universal de todos los tiempos:

Dentro de la caja había una gran rata blanca muerta hacía bastantes horas.

-¿Podrás resolver este horripilante crimen?, Macsherlock? ´-preguntó [Skinny a Jupiter]-. Te ofrezco un considerable recompensa por la captura del culpable. ¡Cincuenta sellos de correos!

Sus seguidores demostraron encontrar graciosísimo ese humor pestilente. Jupiter no cambió de expresión. Meramente, asintió sin descomponer su aire digno.

-Comprendo tu interés en que se haga justicia. Skinny. Observó que la desventurada víctima era una de tus mejores amigas.

La risa en el coche sufrió un colapso por congelación.

Las mejillas de Skinny se tiñeron.

-Mi examen preliminar -continuó Jupiter´- sugiere que, probablemente, murió de indigestión provocada por un atracón de fanfarronería que alguien le suministró y cuya identidad debo ocultar de momento tras las iniciales E.S.N.

Misterio en el  Castillo del Terror

El legado

Tanto Holmes como Los Tres Investigadores tratan enseñar a los lectores cómo la verdad puede hallarse mediante el razonamiento, incluso cuando las apariencias engañan. El legado holmesiano, combinado con el talento narrativo de Robert Arthur, dio lugar a un híbrido perfecto:

  • Misterios ingeniosos, pero accesibles.
  • Suspense sin violencia excesiva.
  • Protagonistas jóvenes pero con la estructura lógica clásica del detective profesional.

Robert Arthur no imitó a Conan Doyle; lo reinterpretó, creando un puente entre la literatura detectivesca adulta y la juvenil, y abriendo las puertas a generaciones que aprendieron a amar el misterio a través de Jupiter, Pete y Bob.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia