El «Rolls-Royce»

Durante el tiempo que Robert Arthur vivió en Hollywood escribiría multitud de cartas a su hija Elizabeth en las que entraba en detalles sobre los extraños hábitos y costumbres de los californianos. Muchos años después, en el transcurso de una entrevista, rememorando el contenido de estas misivas Elizabeth declararía que si había algo que generaba una enorme frustración en su padre por aquella época eran las enormes deficiencias que presentaba el transporte público en California.

«Todavía conservo esas cartas, y cuando las desenterré y las releí más tarde como adulta, me di cuenta de que para alguien que había pasado toda su vida adulta, ya fuera en la ciudad de Nueva York o en suburbios conectados por una red de trenes, simplemente no podía hacerse amigo de un espacio vital [California] donde era imposible llegar a su destino en transporte público, y donde la red de carreteras -incluso entonces- era frustrante y poco práctica.»

Elizabeth Arthur

El impacto negativo que tuvo en la vida cotidiana de Robert Arthur la imposibilidad de desplazarse en transporte público durante el tiempo que trabajó en Hollywood, influiría decisivamente en su obra literaria. Al mismo tiempo que la idea de Los Tres Investigadores comenzaba a tomar forma en su mente, fue consciente del problema de movilidad que debía resolver: Jupiter, Pete y Bob eran demasiado jóvenes para tener carnet de conducir y consecuentemente, no podrían aceptar ni investigar aquellos casos que ocurriesen más allá de la distancia que les permitiría recorrer un paseo en bicicleta desde su casa.

El concurso

La solución a este problema vendría de la mano de Jupiter y su deslumbrante ingenio, gracias al cual se haría acreedor de un premio que consistía en el uso de un “Rolls-Royce” que incluía los servicios de un chófer como se narra en le Misterio en el Castillo del Terror:

Júpiter ganó en un concurso patrocinado por una agencia de alquiler de automóviles un «Rolls-Royce», incluso el chófer, para un período de treinta días. Eso le facilitó el transporte, tan necesario en California donde las distancias son enormes.

Misterio del loro tartamudo

En las primeras páginas de esta misma novela, Bob explica a su madre en qué consistía el reto que tuvo que resolver su amigo Jupiter Jones, aunque nada se dice de cómo resolvió el acertijo que desafiaba el intelecto de todos aquellos que ansiaban hacerse con el premio:

A propósito, ¿en qué consistía el concurso publicado en primera página del periódico de ayer, y que al ser ganado por Jupiter, le dio derecho a un “Rolls-Royce” durante treinta días?

-Fue un concurso de la Compañía de alquiler de coches -explicó Bob-. Llenaron de alubias una jarra grande y ofrecieron un “Rolls-Royce” con chófer durante treinta días a quien dijera con más aproximación el número de granos. Jupiter se tiró tres días calculando la capacidad de la jarra y los granos de alubias precisos para llenarla. Y ganó.

Misterio en el Castillo del Terror

Sin embargo, no sería hasta el quinto volumen la colección cuando Robert Arthur dió a conocer a los lectores el anuncio del concurso y el nombre de la compañía de coches de alquiler que lo había organizado:

GANE EL DERECHO A UTILIZAR UN “ROLLS-ROYCE”

incluido el chófer,

durante 30 días de 24 horas cada uno.

ADIVINE EL NÚMERO DE ALUBIAS QUE HAY EN EL JARRO

Agencia de automóviles “Rent´n-Ride”

Misterio del Ojo de Fuego

El premio

Sin duda, el “Rolls-Royce” fue uno de los elementos más sorpendentes, característicos y memorables del cautivador mundo creado en torno a los Los Tres Investigadores:

El “Rolls-Royce” es el coche de artesanía más caro del mundo [dijo Jupiter]. Este fue construido para un rico árabe de gustos refinados. Ahora la compañía [la agencia de automóviles “Rent´n-Ride] lo emplea sólo para fines de publicidad.

Tan pronto se detuvo el coche, su conductor descendió a tierra.

Era un hombre delgado y fuerte, y de casi un metro noventa centímetros de alto, cara larga y buen carácter. Este se quitó la gorra y se dirigió a Jupiter.

Misterio en el Castillo del Terror

Pero además, tal y como rezaba el texto de las bases del concurso, el premio incluía los servicios de un chófer que a la postre se convertirá en uno de los personajes secundarios más recordados y entrañables de esta colección de novelas: Worthington. El impecable chófer,  aunque no formase parte del trío protagonista, su presencia aportaba elegancia, humor sutil y un toque de sofisticación que se convirtió en un sello característico de la saga.

Tan pronto se detuvo el coche, su conductor descendió a tierra.

Era un hombre delgado y fuerte, y de casi un metro noventa centímetros de alto, cara larga y buen carácter. Este se quitó la gorra y se dirigió a Jupiter.

Misterio en el Castillo del Terror

La idea de tres muchachos resolviendo casos acompañados de un lujoso vehículo británico y un conductor de modales impecables dotó a la serie de un encanto singular. Para los lectores, Worthington no es simplemente un personaje secundario: es la puerta a un universo donde lo cotidiano convive con el misterio y donde la aventura adquiere una dimensión de elegancia casi cinematográfica.

Un premio necesario

El automóvil que acompaña a los protagonistas en la serie, cumplía varias funciones narrativas:

  • Un símbolo de estatus y credibilidad. Para tres adolescentes, llegar a un lugar en un Rolls-Royce les abre puertas que de otro modo estarían cerradas. Muchos adultos los reciben con respeto simplemente por el prestigio asociado al vehículo y al impecable Worthington. El coche se convierte así en un “salvoconducto social”.
  • Un elemento de humor. La combinación entre el porte aristocrático del auto y la disparidad de destinos —basureros, callejones, cuevas, casas en ruinas— genera situaciones humorísticas. Worthington suele mostrar leve consternación (siempre expresada con extrema educación) cuando el coche debe atravesar terrenos que no le corresponden.
  • Una herramienta funcional en la investigación. El Rolls-Royce no es solo un adorno lujoso. Su potencia, fiabilidad y amplitud permiten que los investigadores lo utilicen en persecuciones, para transportar objetos voluminosos o como refugio temporal. En varias novelas, la rapidez de Worthington al volante salva a los muchachos de peligros inminentes.
  • Un contraste simbólico con el Cuartel General. Mientras el Rolls representa lujo, orden y formalidad, el Cuartel General de Los Tres Investigadores —escondido en un depósito de chatarra— representa ingenio, creatividad y espíritu juvenil. Ambos espacios forman parte esencial de la identidad del trío, dos polos opuestos que se complementan.

El cliente agradecido

Desgraciadamente, los 30 días durante los cuales Los Tres Investigadores podían utilizar el “Rolls-Royce” tocaba a su fin y los jóvenes detectives comenzaban a barruntar en el Misterio del Ojo de Fuego lo difícil que sería continuar con su actividad empresarial sin un medio de locomoción a motor que les permitiese cubrir grandes distancias, un pensamiento que no hacía otra cosa que plasmar el problema al que tuvo que enfrentarse Robert Arthur mientras incubaba su idea literaria:

-¡Cáspita! ¿Qué haremos una vez agotado el cupo de viajes en el “Rolls”? No vamos a recorrer en bicicleta toda California del Sur, si nos encargan otros trabajos.

-Tendremos que trabajar más en el patio -respondió Jupiter-. Así a tía Mathilda no le importará prestarnos el camión pequeño, conducido por Hans o Konrad.

Misterio del Ojo de Fuego

Sin embargo, este problema de movilidad quedaría resuelto gracias a Augusto Agosto, un rico heredero al que Los Tres Investigadores ayudaron a encontrar un valiosísimo rubí que había recibido en herencia de un misterioso familiar. En agradecimiento por los servicios prestados les entregó una importante suma de dinero (que a su vez, ellos entregaron al fondo de su colegio) y realizó las gestiones oportunas en la empresa de Rent´n Ride para que Jupe, Pete y Bob pudiesen disponer del fastuoso «Rolls-Royce» siempre que lo necesitasen:

[…] También hizo [Augusto Agosto] ciertos arreglos financieros con el señor Gelbert, gerente de la compañía Rent’n-Ride para asegurar en lo futuro a los Tres Investigadores el transporte en automóvil. Worthington y el magnífico «Rolls-Royce» de adornos dorados estaría al servicio de ellos siempre que lo necesitasen.

Misterio del Ojo de Fuego

Para los lectores de las novelas de Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores, la inclusión del Rolls-Royce con su chófer tuvo un fuerte impacto emocional, ya que aportó una sensación de prestigio, sofisticación y cercanía con el mundo adulto. El automóvil simbolizaba el acceso a un universo exclusivo y casi cinematográfico que despertaba su fascinación por este encantador e icónico elemento de la serie.

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia