El oficio de Titus
Si preguntásemos a los lectores de Los Tres Investigadores cuál era el oficio de Titus Jones, la inmensa mayoría respondería sin vacilar que era un chatarrero. Aunque no sé si alguno de esos mismos lectores recordará que en el texto la edición española del Misterio en el Castillo del Terror puede leerse que el tío de Jupiter era un anticuario:
Es un órgano auténtico que funciona soplando en sus tubos -explicó orgulloso el anticuario [Titus Jones] a los chicos [Los Tres Investigadores]-. Encontré esta ganga en un pequeño teatro que se traslada a Los Ángeles.
Misterio en el Castillo del Terror
Aunque en el resto de las novelas de Roibert Arthur, traducidas al español, Titus Jones siempre será descrito como un símpatico chatarrero:
El señor Jones era un chatarrero muy singular, compraba todo aquello que le gustaba, prescindiendo de si podía o no venderse. No obstante, casi siempre, lograba dar salida a sus mercancías con notable beneficio.
Misterio del Ojo de Fuego
¿Entonces, era un anticuario o un chatarrero? ¿O tal vez, las dos cosas? Llegados a esta punto, seguro que muchos lectores estarán pensando que, si el Patio Salvaje era una chatarrería, tal y como se apunta en la narración de todas las novelas de la saga, la cuestión no tiene mucho fundamento. Pues, en contra de lo que pudiese parecer, la respuesta no es tan obvia. Y ya lo adelanto, yo soy de los que opinan que además de chatarrero y anticuario era algo más. A continuación argumentaré por qué, pero antes aclararé, que incluir a Titus Jones en el gremio de los anticuarios fue cosa de M. L. de Pol Ramírez, la traductora de la novela, esta señora era muy dada a inventarse o reescribir a su antojo el texto original, como ocurre en este caso, porque en la edición de Random House en ningún capítulo se dice que Titus Jones sea un anticuario. No obstante, en este ocasión, auinque no fuese fiel a la narración original, M. L. de Pol Ramírez no iba muy desencaminada.
¿Era un anticuario?
Para arrojar luz sobre este pequeño dilema, es necesario fijarse en el tipo de objetos que compraba Titus Jones. Por un lado, podemos leer que muchos de los materiales que se amontonaban en el Patio Salvaje procedían de viejas edificaciones demolidas o que iban a serlo en breve:
“Los tres amigos se dirigieron a “Los Tres Tranquilos”, nombre clave para la entrada más fácil al Puesto de Mando. Se trataba de una gran puerta de roble, que aparecía sobre grandes bloques de granito de un edificio derribado.
Misterio en el Castillo del Terror
Lo cual me lleva a pensar que Titus Jones, con toda certeza, regentaba un almacén de material de derribo. Un tipo de negocio que ofrece a sus clientes elementos de construcción “recuperados” que, en algunos casos, pueden alcanzar un gran valor económico debido a su antigüedad y valor histórico: viejas rejas de forja, vidrieras, ménsulas, vigas de madera o acero y un largo etcétera
[…] Al llegar al almacén de derribos de Jones en Rocky Beach, Pete y Jupe descargaron el baúl y Hans lo dejó a un lado.
Misterio de la calavera parlante
Estos materiales, son piezas muy buscadas y apreciadas por arquitectos cuyos proyectos de restauración se localizan en zonas históricas que gozan de una especial protección urbanística, y por lo tanto, están obligados por ley a utilizar materiales de un determinado estilo arquitectónico o periodo histórico. De ahí, que los anticuarios que se han especializado en este sector, estén muy interesados en la adquisición de estos materiales para luego obtener con su venta pingües beneficios. En este sentido, Titus Jones bien podría ser uno de estos profesionales.
“A un lado se alzaba una imponente montaña de material diverso: vigas de acero, maderos, rejillas, hábilmente dispuesto para ocultar el remolque convertido en el Puesto de Mando de los Tres Investigadores”.
Misterio del reloj chillón
¿Era un chatarrero?
Si tenemos en cuenta que con el término chatarra nos referimos a un conjunto de trozos de metal viejo o de desecho, especialmente de hierro aunque también a máquinas o aparatos viejos que ya no funcionan, la palabra chatarrería cuando se aplica al Patio Salvaje, parece que aunque no se ajusta demasiado bien a la primera parte de la definición, la segunda describe bastante bien algunos de los artículos que se podían encontrar allí. Por lo tanto, Titus Jones también era un chatarrero.
Aunque a este respecto, cada lector tendrá su opinión, creo que si en algo estaremos todos de acuerdo es en lo que no era: un “chatarrista”. Este “palabro” que no aparece en el diccionario de la R.A.E. debemos atribuírselo a la traductora M. L. de Pol Rámírez que, en este caso, como en muchos otros, no estuvo muy afortunada con las traducciones que realizó de los textos originales.
[…] Titus Jones, hombrecillo de enorme bigote y vivaces ojos, inspeccionaba una partida de muebles usados.
-¡Hola chicos! -saludó el chatarrista al verlos llegar-.
Misterio del reloj chillón
Era algo más…
Pero si seguimos analizando minuciosamente las compras que hacía Titus Jones, podríamos afirmar y no sin razón, que muchos de los objetos que entraban al Patio Salvaje si bien no podrían calificarse como chatarra, sí pueden categorizarse como trastos de escaso valor: Este tipo de artículos son los mismos que en España se encuentran en una chamarilería, un tipo de negocio en el que se compran y venden objetos de ocasión y trastos viejos:
[…] Júpiter cogió una caja de cartón situada sobre su banco de trabajo, y sacó un lechuza disecada, prácticamente sin plumas. Debajo apareció un cepillo de ropa muy desgastado, una lámpara tipo cisne, un jarrón descascarillado, un par de botas y un par de objetos más, casi todos defectuosos y sin apenas valor, cuando no, totalmente inútiles.
Misterio del reloj chillón
¿Entonces cuál era el oficio de Titus? Pues era un poco de todo. Muchas veces realiizaba labores de anticuario, otras tantas de chatarrero y muchas más de chamarilero. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta la aversión que sentía Robert Arthur hacia la cultura del derroche, basada en el concepto «usar y tirar» que desgraciadamente empezó a gozar de gran popularidad entre los norteamericanos desde finales de los años 50. Robert Arthur quiso que el Patio Salvaje y su dueño se convirtieran en la nota discordante en una sociedad que llegó a calificar el ahorro y la sostenibilidad como antipatriótico. ¿Y tú qué opinas?

YO SERÍA BOB
Sobre mí:
Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia