¡Esto es Hollywood!

Aunque Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores es una serie de novelas juveniles centradas en el misterio, Robert Arthur integra de forma sutil pero constante elementos de la historia del cine estadounidense. No lo hace como un tratado histórico, sino como contexto vivo, impregnando la atmósfera, los personajes secundarios y los objetos misteriosos que dan impulso a muchas de sus tramas literarias.

Hollywood y la industria del cine se convertirán en el telón de fondo de la mayoría de los diez títulos que salieron de su genio creador. En el texto de estas novelas el lector podrá encontrar incontables alusiones a la industria que logró que el cine se considere el séptimo arte: desde jerga profesional hasta todo tipo de profesiones relacionadas con el cine (directores, ayudantes de dirección, localizadores de exteriores, dobles, maquilladores o técnicos en efectos especiales).

Una clase de historia

De forma más velada Robert Arthur también reflejará en sus escritos las diferentes épocas que atravesó el cine desde principios del siglo XX hasta finales de la década de los 60, así como al impacto que tuvo la transición entre cada una de ellas en la vida de muchos profesionales ligados al mundo del cine, los cuales tenían su reflejo en los personajes que desfilan en sus novelas. Como comprobará el lector, estas consecuencias casi siempre negativas y en ocasiones traumáticas, supondrán el final abrupto de las carreras de muchos de ellos y en consecuencia la pérdida de su modus vivendi, con todo lo que ello llevaba aparejado.

Lejos de dejarse seducir por la imagen de esplendor y glamour en la que se envolvió Hollywood y que de forma magistral supo exportar al resto del mundo, Robert Arthur retratará esa otra historia de la meca del cine que nadie contaba: el drama que supuso la irrupción de las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio que traían aparejados a ellas. Y es que este terma era algo que él conocía muy bien porque lo había vivido en sus propias carnes: la llegada de la televisión a los hogares norteamericanos generó una profunda crisis en el sector radiofónico que le obligaría, entre otros motivos, a trasladarse a California en busca de trabajo como escritor y guionista en este nuevo medio de comunicación y entretenimiento.

La llegada del cine sonoro

El final de la década de los veinte estará marcado por la revolución que supuso la llegada del cine sonoro. Aunque en un principio parecía que la incorporación del sonido restaba expresividad a los planos, pronto se supo aprovechar la capacidad comunicativa que aportaban los diálogos. Los espectadores podían entender mejor las historias y muchos intelectuales vieron la posibilidad de escribir guiones interesantes.

El paso del cine mudo al cine sonoro —uno de los momentos más convulsos en la historia de Hollywood— con consecuencias desastrosas para las grandes estrellas del celuloide que hasta ese momento habían saboreado las mieles del éxito pero que, incapaces de adaptarse a un cambio tan disruptivo, quedaron sepultadas bajo el manto del olvido y condenados al ostracismo.

A efectos del cine como sistema global, la incorporación del sonido trajo cambios en la industria. Ya no bastaba con ser fotogénico, sino que la voz tenía que cumplir unas expectativas. En el cine norteamericano muchos actores de origen extranjero vieron reducidas sus posibilidades de triunfar en Hollywood, pues su acento no se ajustaba a las exigencias de los personajes, por lo que se vieron relegados a interpretar papeles muy concretos.

Esta transición aparece reflejado en su primera novela Misterio en el Castillo del Terror. Arthur utiliza ese contraste entre “lo silencioso” y “lo sonoro” para generar atmósferas cargadas de nostalgia y crear conflictos que funcionan como motores narrativos.

[…] Originalmente se llamó Castillo de Terrill, porque fue construido por el actor de cine Stephen Terrill. Fue un gran artista en los tiempos del cine mudo.

[…] Stephen Terrill era conocido como “El hombre del millón de caras”. Luego se inventó el cine sonoro, y la gente descubrió que tenía voz chillona y encima ceceaba.

-¡Fantástico!- se excitó Pete. Un monstruo que tenía lo voz chillona. Se reventarían de risa en sus asientos.

Así fue como sucedió. Pero Stephen Terrill dejó de hacer películas […]

Misterio en el Castillo del Terror

La llegada de la televisión

La llegada de la televisión supuso un duro golpe para los grandes estudios de Hollywood, que vieron cómo disminuía la asistencia a las salas de cine y se reducían sus beneficios. El público empezó a preferir el entretenimiento doméstico, lo que obligó a la industria cinematográfica a replantear sus estrategias. Como respuesta, los estudios apostaron por grandes producciones, innovaciones técnicas y nuevas fórmulas narrativas para diferenciar el cine de la pequeña pantalla y recuperar el interés de los espectadores.

Se reorientaron hacia la producción de programas para la televisión como una estrategia de adaptación a los cambios del mercado audiovisual. Aprovecharon su infraestructura, sus equipos técnicos y su experiencia narrativa para crear series, telefilmes y programas de entretenimiento destinados a las cadenas televisivas. Este giro permitió a los estudios mantener su relevancia y abrir nuevas fuentes de ingresos, al tiempo que consolidó la televisión como el medio dominante del entretenimiento de masas en Estados Unidos.

Por las novelas de Robert Arthur, desfila un sinfín de personajes que en algún momento de sus vidas trabajaron eh Hollywood como actores en este nuevo medio de ocio. Incluso Jupiter Jones revela en las primeras páginas del Misterio del Castillo del Terror que de pequeño fue un niño prodigio, que trabajaba en televisión bajo el nombre de Baby Fatso. Esta información biográfica, también aparecerá de nuevo en el Misterio del tesoro desaparecido:

 

-¡Hola, señor Frank! -saludó el primer investigador-

-Soy “Bebé Gordito” -explicó Jupiter, refiriéndose a la época en que actuaba en programas de televisión-. Usted actuó con nosotros en muchos telefilmes, ¿no lo recuerda? Siempre era el pagano de las diabluras que hacíamos los demás.

Me gustaría charlar un rato contigo, pero no puedo. Me toca entrar en escena.

-¿En escena? -se extrañó Jupe.

El señor Frank se rió.

-Permanece atento, y no tardarás en divertirte. Allá hay un guarda. Tengo que llamar su atención -alzó su voz. ¡Eh, guarda, guarda!

Misterio del tesoro desaparecido

Sin embargo, la llegada de la televisión en Estados Unidos también provocaría una profunda crisis entre los profesionales de la radio, que durante décadas habían sido los principales protagonistas del entretenimiento y la información. Muchos locutores, guionistas y actores vieron cómo sus programas perdían audiencia y patrocinadores, desplazados por el atractivo visual del nuevo medio. La televisión no solo cambió los hábitos de consumo, sino que obligó a la radio a reinventarse, dejando atrás su edad dorada y sumiendo a muchos de sus trabajadores en la incertidumbre laboral y profesional.

Pero los programas radiofónicos perdieron popularidad con el advenimiento de la televisión, y desde entonces apenas hubo trabajo para estos actores, Albert, o Bert Reloj, trabajó para mí en un par de películas hace años; luego desapareció, y no volví a saber nada de él.

Misterio del reloj chillón

El ocaso de la edad de oro

La llamada era dorada de Hollywood, que abarca aproximadamente desde finales de los años 20 hasta mediados de los 50, es recordada como un periodo de esplendor creativo y económico sin precedentes. Grandes estudios como MGM, Warner Bros., Paramount, RKO y Fox dominaban el panorama cinematográfico, produciendo decenas de películas al año y moldeando el imaginario cultural de todo el mundo. Sin embargo, ese brillo iba a desvanecerse de manera gradual pero irreversible.

 

El final de esta etapa no solo transformó la industria: también tuvo un impacto negativo profundo en miles de profesionales que dependían del sistema de estudios para su estabilidad laboral y su identidad artística. Cuando el sistema de estudios comenzó a desmoronarse, estas personas sintieron la caída de forma directa. La industria que durante décadas había ofrecido estabilidad, seguridad económica y trabajo continuo se convirtió de pronto en un terreno incierto y competitivo.

Actores y actrices del empleo estable pasaron al desempleo repentino. Bajo el sistema de estudios, los intérpretes tenían contratos largos, formación pagada, departamentos enteros dedicados a pulir su imagen y un flujo constante de trabajo. Con la desaparición de estos contratos:

  • muchos artistas secundarios perdieron su sustento de inmediato. Sin embargo, la gran mayoría de estos personajes se presentan ante el lector como actores venidos a menos apartados de los platós y desempeñando trabajos de baja cualificación:

Wilkins lleva diez años años a mi servicio. Antes fue actor.

Misterio de la momia

 

  • numerosas estrellas “fabricadas” por los estudios dejaron de tener valor comercial sin el aparato de promoción que las respaldaba;
  • intérpretes envejecidos, o encasillados, nunca encontraron espacio en un sistema más libre pero más cruel.

Malcom Fentriss, un ex actor shakesperiano, un viejo amigo de Alfred Hitchcock que había perdido un loro al que quería muchísimo y al que la policía no parecía tener mucho interés en buscar.

Misterio del loro tartamudo

 

O bien inmersos en una búsqueda de trabajo casi desesperada, que les lleva a cometer acciones con consecuencias negativas, como le ocurrió en el Misterio del tesoro desaparecido al señor Frank, un actor en horas bajas, que con la falsa promesa de relanzar su carrera, acepta un trabajo por el que casi da con sus huesos en la cárcel:

 

Todo Hollywood esta familiarizado con las extravagancias de los actores, que aceptan como algo normal. La mujer le había prometido al señor Frank que si su nombre salía en la prensa conseguiría un importante papel en la película que se iba a rodarse, llamada “El gran robo del museo”.

Misterio del tesoro desaparecido

El glamour ocultaba una realidad dura: Hollywood ya no necesitaba tantos actores.

En Hollywood hay tantos enanos como en el resto del mundo. Todos esperan trabajar en el cine, la televisión o Disneylandia. Unos treinta de nosotros vivimos en una casa de huéspedes especial. Algunos desafían a la ley. Son hábiles para deslizarse a través de las ventanas con barrotes. Otros ayudamos en trabajos como éste. Nuestro tamaño nos permite realizar trabajos imposibles para hombres de estatura normal.

Misterio del tesoro desaparecido

Un Hollywood que respira historia

Lo notable de esta saga de novelas, es que Robert Arthur no inserta estos elementos como exposiciones didácticas, sino como componentes orgánicos del mundo que rodea a los protagonistas. Los cambios de la industria cinematográfica son parte del paisaje de Rocky Beach, fuente de misterios, origen de personajes excéntricos o entrañables, y a veces, la causa profunda de los conflictos que deben resolver los investigadores. El resultado es una serie que, sin ser explícitamente “sobre cine”, transmite al lector joven una comprensión intuitiva de cómo Hollywood evolucionó entre los años 20 y 60.

Creo que no hay mejor manera de cerrar este artículo que invitar a los lectores de Los Tres Investigadores a descubrir la magia de Hollywood en las novelas de Robert Arthur con las mismas palabras con las que Hithcock concluía la introducción del Misterio de la araña de plata:

 

-Y ahora, ¡luces, cámara, acción! ¡Adelante!

Misterio de la araña de plata

YO SERÍA BOB

YO SERÍA BOB

Sobre mí:

Lector apasionado de Los Tres Investigadores a quienes les debo algunos de los mejores momentos de mi infancia